Clave de Sol

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Goldfrapp – Seventh Tree

In Música on enero 26, 2009 at 12:22
Seventh Tree

Seventh Tree

Normalmente, las personas nacemos con nombres normales y corrientes que nos permiten llevar una vida llena de posibilidades diferentes que luego nos encargamos de eliminar nosotros mismos una a una como los seres inconscientes y mediocres que somos. Pero, cuando uno es bautizado con un apellido como el de Alison Goldfrapp, está condenado desde el principio.

Esta muchacha nacida en Enfield (y la llamamos muchacha conscientemente, sabiendo que está a punto de cumplir los cuarenta y tres) se unió artísticamente en 1999 a Will Gregory para formar Goldfrapp, uno de los grupos de música electrónica con más personalidad del panorama internacional.

Después de ganarse una reputación y de definir su estilo a lo largo de tres discos sorprendentes, Goldfrapp publicó en febrero del 2008 Seventh Tree provocando un pequeño desconcierto general.

Acostumbrados como estábamos a unos ritmos cercanos al dance, con sintetizadores distorsionados y sonidos electrónicos de cabaret, todos nos quedamos algo desorientados al escuchar por primera vez la suave línea melódica de cuerda con la que se inicia el álbum. Hubo quien tuvo suficiente con eso para perder la fe y olvidarse del disco.

Sin cambiar las bases en las que habían apoyado siempre su música, Goldfrapp habían dado un giro de ciento ochenta grados a sus motivaciones y habían sacado una obra que parecía haber sido inspirada por un condenado al infierno que, después de haber pasado una buena temporada sufriendo las mayores calamidades, hubiera tenido la oportunidad de disfrutar por unos instantes de la belleza, de la pureza y de la perfección de los cielos. Seventh Tree no es un disco hecho por algún ángel pretendiendo celebrar la armonía y la suavidad del paraíso, sino por un demonio que descubre por primera vez la belleza y se queda extasiado.

Clowns, el primer tema del disco y cuarto single, podría ser como la entrada del demonio en el cielo, un demonio que llega tocando su guitarra y es recibido con coros y un suave acompañamiento.

En la misma línea, Little Bird habla de la libertad, de bailar a la orilla del mar, con un orquestación más próxima a sus anteriores discos, aunque pasada por el filtro del espíritu tranquilo de todo el disco.

Cuando llegamos al tercer tema, la maravillosa Happiness, Goldfrapp nos invita a unirnos a ellos para desentendernos de todo y disfrutar con las oportundidades que nos da diariamente la vida para ser felices. Es una celebración de la existencia. Fue el segundo single del álbum, acompañado de un refrescante videoclip cuyo final tiene un giro algo sarcástico, en consonancia con la letra de la canción, que deja lugar a pensar que, en realidad, todo es mentira, que al final de la felicidad sólo está, de nuevo, la realidad.

Road to somewhere es un ejemplo perfecto de ese viaje desde los abismos a los cielos. Comienza con una grave melodía de cuerda, una oscuridad excepcional en el disco, para terminar, a través de varios pasajes, en una pureza casi escandalosa con un estribillo hermosísimo.

Eat yourself es una melodía algo contradictoria, con varias inclinaciones distintas sin llegar a definirse del todo, aunque al final parece vencer la luz, como en todo el disco.

Some People es un tema sencillo a piano, cercano al pop,  y con un ritmo que crece poco a poco, como impulsado hacia adelante por una fuerza misteriosa, que, en nuestro país, podría haber firmado perfectamente Marlango, aunque está por ver si, algún día, Leonor Watling puede llegar a tener la voz de Alison Goldfrapp.

A&E, el primer single de Seventh Tree, formula todo lo dicho anteriormente de una forma más atractiva, con una postproducción muy cuidada. Es el tema que más éxito ha tenido, el más escuchado y repetido.

Cologne Cerrone Houdini es otra delicia, que empieza con unos violines espasmódicos que dejan paso a una melodía preciosa en la que el ritmo está siempre muy marcado. Es, en mi opinión, el tema más singular del disco.

Y llegamos a Caravan Girl, tercer single, otro de los temas más celebrados de Seventh Tree y probablemente el más pegadizo.

Y, para cerrar, Monster Love, otro tema tranquilo en el que nuestro demonio parece haberse acostumbrado ya a vivir entre algodones y, por ello, todo nos llega con más parsimonia, sin la visión gozosa que atraviesa el resto del disco.

Después de un año de su publicación, Seventh Tree ha pasado la primera prueba, la de los medios de comunicación, manteniéndose con la misma frescura, profundidad y, sobre todo, elegancia. Es un álbum para escuchar de día, cuando más luce el sol, para apreciar lo maravillosos que son esos instantes en los que sólo existe el amor y la vida. Y hacerlo en clave de sol.

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The National – Boxer

In Música on enero 19, 2009 at 16:53
The National - Boxer

The National - Boxer

En la todavía corta historia de Pezones de Venus, no había tenido la oportunidad de hablar sobre ningún disco publicado en EEUU. Esto no se debe a ninguna fobia especial hacia la cultura norteamericana, como tan frecuentemente sucede entre mucha gente en Europa, sino a que no podía dejar de reseñar primeros otras obras.

Para estrenarnos, he querido elegir el disco que The National, grupo de la costa este afincado en Brooklyn, publicó el 22 de Marzo del 2007 con el título de Boxer.

Se trata de otro de esos grupos que, poco a poco, intentan alejarse, sin que se note mucho para que los freaks no se molesten, de la etiqueta indie.

Ya he comentado varias veces el rechazo instintivo que siento hacia el aroma indie en general, de modo que no voy a repetir mis razones una vez más.

En el caso que nos ocupa, The National no ha recurrido a la electrónica para alzar al vuelo (recurso ya clásico), sino a profundizar en las posibilidades melódicas e instrumentales del rock y del folk. Se nota nada más empezar, con esos poderosos teclados que marcan de principio a fin Fake Empire. También en este tema llama la atención de forma inmediata la que es una de las mejores bazas de este grupo, una de sus señas de identidad, la profunda voz de su cantante, Matt Berninger. Es una alegría descubrir de vez en cuando voces de categoría entre la multitud de aficionados que se dedican a esto recurriendo a cantar a media voz.

A partir de es declaración de principios, ya todo es posible. El disco transcurre desde el principio hasta el final en un tira y afloja, en una lucha constante, entre las bases indies del grupo y los intentos de ir más allá para convertirse en un grupo distinto. Ni que decir tiene que en esta última categoría entran las verdaderas joyas del álbum (Green Gloves, Slow Show y Gospel), las que verdaderamente sobresalen.

En la primera, la más apegada al indie, tenemos Mistaken for strangers, Brainy, Squalor Victoria o Apartment Story, sólo decoradas con una insistente batería que, por otra parte, está muy presente en todo el disco.

Start a war y Racing like a pro entran también dentro de la segunda categoría, aunque, en mi opinión, no logran encontrar la inspiración, encubriendo la falta de una línea melódica realmente eficaz bajo los arreglos y la posproducción.

Escuchando los discos anteriores de The National, se observa una lenta pero evidente evolución ascendente que, a juzgar por esa tensión de la que hemos hablado antes, no parece haber terminado. Es imprevisible lo que sucederá con este grupo, si será capaz de seguir ascendiendo la cima o se detendrá.

En cualquier caso, Boxer es un verdadero Pezón de Venus que me ha acompañado durante mucho tiempo y ha potenciado algunos de los momentos más felices de mi vida.  Para mí, es un disco tremendamente especial.

Como siempre, a nivel personal, me quedaría con el último tema del disco, Gospel.

Steve Wilson – Insurgentes

In Música on enero 12, 2009 at 12:46
Insurgentes

Insurgentes

A principios del mes pasado, reseñamos el magnífico album publicado por Porcupine Tree, Fear of a Blank Planet. Este año 2009 vamos a empezarlo con el trabajo que su líder, Steve Wilson, sacó en solitario en noviembre de 2008.

Tomando como título el nombre de una de las principales arterias de Mexico D.F, Steve Wilson nos regaló Insurgentes, su primer disco en solitario.

Para todo aquel que haya escuchado los últimos discos de Porcupine Tree, el sonido de este albúm no resultará novedoso. Se trata de una nueva vuelta de tuerca a esa sonido con bases de rock y teñido de un velo de oscuridad en el que se ha asentado Wilson en los últimos años. En este sentido, no me parece una investigación sobre nuevas vías sonoras ni una obra original, pero sí una auténtica delicia, una nueva explotación de un sonido que tiene enamorados a miles de fans, entre los que me incluyo sin reservas.

Insurgentes tiene un poco de todo. La vena más comercial, más poderosa y más atractiva, la tenemos en los temas Harmony Korine, Only Child y Puncture Wound (este último incluído entre los bonus tracks). Cualquiera de ellos podría ser un gran hit en las radiofórmulas.

La vena romántica, con tonos vaporosos y bases minimalistas, en la línea del My Ashes de Fear of a Blank Planet, está desarrollada en los temas Abandoner, Significant Order, Get All you Deserve, Veneno para las Hadas e Insurgentes (este último con dos versiones distintas). La excesiva representación de estos temas quizá sea la única pega del disco. Son temas que parecen extrados de la misma caja, de un estado de ánimo muy parecido y expresados de una forma similar, aunque todos ellos con un lirismo emocionante. Todos ellos podrían ser tocados a piano solo.

Sin embargo, aunque no tiene pinta de que a Steve Wilson le haya costado mucho parir Insurgentes, aunque haya recurrido a estructuras y a fórmulas que ya domina a la perfección, sí ha dejado constancia de que no está estancado. En medio del disco, oculta, se encuentra la verdadera joya, el único tema que puede considerarse rompedor, el único que parece haberle supuesto un reto, el único en el que parece haber intentado ir un poco más allá, No Twilight Within The Courts Of The Sun. Muy en la línea de King Crimson, aunque pasado por los sonidos oscuros, este tema de más de ocho minutos es una sucesión de movimientos sobre una misma base de común (esa cuerda repetitiva), el único tema verdaderamente de rock progresivo de todo el álbum (y, por ello, el más complejo, el más difícil de asimilar pero el más profundo una vez que lo has cazado).

Para terminar, Steve Wilson, en los bonus tracks, nos regala Collecting Space. No debemos olvidar que, por mucho que se esconda, este inglés no es otra cosa que un romántico sentimental, un artista apegado a la belleza de la música por encima de todo, a la música que provoca emociones. Collecting Space es uno de esos temas tan característicos del rock progresivo, cuyo origen se puede remontar al menos hasta el Firth of Fifth de Genesis, que le hacen a uno levantarse de la silla y proclamar la grandeza de la música, su capacidad para emocionar. Un tema instrumental con una base en crescendo y una guitarra eléctrica que pone los pelos de punta improvisando sobre el tema central.

En resumen, Insurgentes es un álbum que no pasará a la historia por su originalidad, pero sí por su belleza y por su capacidad para envolvernos, para hacernos olvidar lo que nos rodea y sumergirnos en las emociones que tenemos bloqueadas en nuestro corazón, para desatarlas y dejar que fluyan libremente.

También entra en la categoría nocturna, de esos discos que deben ser escuchados de noche.

Bienvenidos al 2009.