Clave de Sol

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Black Bonzo – Sound of the Apocalypse

In Música on febrero 23, 2009 at 14:18
The Sound of the Apocalypse

Sound of the Apocalypse

Por segunda vez en Pezones de Venus, presentamos un disco creado por un grupo sueco, Black Bonzo. La indiscutible supremacía que en el mundo occidental goza la música anglosajona convierte el intento de conocer la cultura de otras partes del mundo en una labor complicada, en la que son necesarias mucha paciencia y perseverancia.

La escena musical contemporánea sueca es uno de esos casos en que una explosión de talento y brillantez es ocultada por el peso de la costumbre, por el miedo y la pereza a abrirse a formas artísticas desconocidas en las que uno nunca sabe muy bien con qué va a encontrarse.

Lo más curioso del caso es que, como en el grupo que nos ocupa, estos prejuicios, que a todos nos lastran, son muy fáciles de superar, ya que, en cuanto uno escucha Sound of the Apocalypse, publicado en el otoño del 2007, descubre un disco fácil de asimilar, inspirado en el rock progresivo clásico, el de Génesis, Gentle Giant o King Crimson.

El álbum se abre con Thorns Upon A Crown, un tema perfecto para empezar y en el que Black Bonzo deja claro desde el principio la filosofía del disco. Una melodía clara y concisa que se repite a lo largo de casi siete minutos, con ligeras variaciones e improvisaciones en la parte final que nos recuerdan, al igual que el resto de los temas, a King Crimson.

Giant Games es, en mi opinión, el tema más asombroso, poderoso y emocionante de todo el álbum. Un comienzo tranquilo, acompañado de cuerdas suaves, empieza a crecer con teclados y guitarras que lo enriquecen progresivamente hasta que, de pronto, la misma ascensión se corona en un clímax que explota por pura necesidad y que explica todo el tema. Como en el caso anterior, Joakim Karlsson rompe con su guitarra la línea del tema aquí y allá con improvisaciones inspiradísimas y consistentes.

Yesterday’s Friends tiene un comienzo melancólico, con una guitarra clásica y una flauta que esbozan una melodía que parece evocar un paraíso perdido. Pero dura poco, lo mismo que los paraísos. A los veinte segundos, una guitarra eléctrica, sobre los compases marcados por la batería, inicia un punteo que da comienzo al tema, que está construído sobre la tensión entre la suavidad del preludio y una batería frenética que no permite un sólo descanso.

Con  The Well llega uno de los temas más inspirados en King Crimson, que coquetea con el hard rock y que suena más moderno, casi con toques ochenteros en ocasiones, con un magnífico trabajo en los coros. Un pasaje suave da paso a un crescendo que no cesa hasta el final.

Para descansar un poco y tomar aire, Intermission – Revelation Song, un tema inspirado en el blues y en el folcklore norteamericano que sirve precisamente para eso, para hacer un alto en el camino, aunque con elegancia.

Black Bonzo retoma con Ageless Door, otro tema inspiradísimo en King Crimson pero con muchísima más fuerza que The Well, casi rozando, en ocasiones, el Heavy Metal. En un mundo paralelo a este, podría ser un verdadero hit en las listas de éxitos. Rock puro y duro.

Iscariot rompe la tendencia de los dos últimos temas construyendo con mucha elegancia un tema muy variado, en el que abundan más que nunca los teclados y donde, en mi opinión, el grupo se ha sentido libre para improvisar e imaginar variaciones.Perfecto el trabajo vocal de Magnus Lundgren.

Si uno es un poco aficionado a este tipo de música, ya sabrá en qué consiste el tema que cierra el álbum. ¿Puede un grupo de rock progresivo que se precie publicar un disco que no contenga un corte de más de diez minutos? Los chicos de Black Bonzo opinan lo mismo. Por eso, Sound Of The Apocalypse, supone la puesta de largo. Y lo hace por todo lo alto, con un piano profundo y fuerte que, con parsimonia, abre la caja de música y deja salir, poco a poco, en crescendo, toda la sobervia imaginación del grupo, incluyendo otra estupendo trabajo vocal.

Resumiendo, el último álbum de Black Bonzo, y segundo de su carrera, es una invitación perfecta a conocer el rock progresivo clásico de principios de los setenta, revivido en sus esencias con fuerza, imaginación y talento. No es un disco anclado en el pasado, sino una obra que revive en todo su esplendor un momento único de la historia de la música. Así lo reconocieron los ProgAwards del 2008, que condedieron a Black Bonzo el premio a mejor álbum del año anterior, junto a Phideaux y Orne.

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The Last Shadow Puppets – The Age of the Understatement

In Música on febrero 18, 2009 at 15:00
The Last Shadow Puppets

The Last Shadow Puppets

Este es uno de esos casos típicos en que rechazas a priori un disco por la gente que lo firma, que te emperras en ignorarlo hasta que los contínuos elogios te obligan a darle una oportunidad casi a regañadientes. Y, al hacerlo, reconoces que todavía te quedan muchos prejuicios por superar.

The Last Shadow Puppets es un grupo formado por Alex Turner, vocalista del grupo de pop adolescente Artic Monkeys, y Miles Kane, líder de The Rascals. Se trata de un proyecto al margen de sus respectivos grupos, una afición cada vez más extendida y que me parece un gesto muy saludable.

El primer disco de esta unión se publicó el 21 de Abril del 2008 bajo el título de The Age of the Understatement. Utilizando las bases de indie rock a las que están acostumbrados, el disco es un inventario de temas retro al viejo estilo de los primeros años setenta, como si hubieran querido hacer un homenaje a la música que escuchaban sus padres. A eso se une un nivel vocal mucho más versátil que el que demuestran en sus respectivos grupos y, por encima de todo, una orquestación que da sentido a cada una de las canciones, una orquestación que crea la atmósfera sonora por la que se distingue todo el disco.

Por utilizar alguna referencia cultural, para entendernos mejor, podríamos decir que es un cruce entre las canciones de las películas de James Bond, las bandas sonoras de Ennio Morricone y el desesperante indie rock que tan poco nos gusta en Pezones de Venus.

El álbum tiene verdaderos bombazos como Standing Next to Me (segundo single y compendio de la apuesta del disco, donde se puede observar la importancia de esa orquesta llena de violines y líneas bajas), The Age of the Understatement (primer single con aires de western), Calm Like You (con un depurado sentido de los cambios de ritmo), Separate and Ever Deadly (con una batería que marca con gran elegancia los tiempos), The Chamber (un tema más tranquilo con un trabajo de coros muy interesante), Only the Truth (tal vez el tema más frenético e indie del disco), Black Plant (un tema casi pop), I Don’t Like You Anymore (con un contraste de temas sorprendente), Meeting Place (otro tema tranquilo y con aroma a viejas canciones norteamericanas de los años cincuenta) o The Time Has Come Again (otra balada amable con influencias norteamericanas).

Pero, con toda la intención, nos reservamos para el final, para invocar a la clave de sol, el tema más destacado de todos, My Mistakes Were Made for You. Es esta bellísima canción la que convierte a The Age of the Understatement en un disco sobresaliente. Una verdadera joya nacida con aureola, con sabor a clásico. Un tema tranquilo que, seguramente por primera vez en todo el disco, te todca la fibra sensible.

En el momento de su publicación, los singles de The Age of the Understatement salieron disparados hacia el número uno de las listas británicas. Es un efecto explicable atendiendo a los creadores de este disco, que gozan de una popularidad patente en aquel país. No creo que dentro de algunos años vaya a haber mucha gente que todavía se acuerde de esta obra. Es posible que escuchemos alguno de sus temas en spots publicitarios o incluso en alguna película. Pero, para mí, My Mistakes Where Made For You justifica el tiempo que he empleado en escucharlo.

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Portishead – Third

In Música on febrero 9, 2009 at 15:20
Portishead - Third

Portishead - Third

Después de varios meses escuchándolo detenidamente, creo que ha llegado el momento de reseñar el asombroso disco que el grupo inglés Portishead publicó el 28 de Abril del 2008 bajo el sencillo título de Third.

Después de liderar el movimiento conocido como Trip Hop a principios de los noventa y publicar dos discos que se cuentan entre lo mejor de aquella década (Dummy en 1994 y Portishead en 1997), Portishead se sumió en un silencio de más de diez años hasta que, el año pasado, reaparecía de nuevo con una obra que nadie esperaba.

Third es una obra complicada, que exige una atención exclusiva y que sólo desvela sus secretos después de haberla escuchado repetidas veces. Es fácil perder la paciencia a las primeras de cambio, desistir ante un disco que no está hecho para agradar ni para ser reproducido mientras uno plancha la ropa o hace cualquier otra actividad.

Third, como sus dos hermanos anteriores, está construído en torno a dos elementos que definen de forma inequívoca la obra de este grupo de Bristol: las omnipresentes bases electrónicas y la portentosa voz de Beth Gibbons. Pero este último adjetivo es engañoso, ya que la cantante de Portishead no forma parte de ese grupo de grandes voces con vibratos poderosos y una amplitud de escalas desde el mezzosprano al alto. Beth Gibbons tiene una clásica voz de soprano, sí, pero la deja salir de una forma completamente plana. Además, más que cantar, susurra cada verso, haciendo pasar cada palabra por un filtro áspero. Y, por si eso no fuera poco, en Third, más que en ningún otro disco, está bordeando siempre las asonancias, sin definir del todo cada nota, pudiendo dar la impresión, á los neófitos, que está desafinando.

En cuanto a las bases electrónicas, Portishead dinamita en Third los sonidos a los que nos tenía acostumbrados y ensancha su espectro, desarrollando ritmos completamente nuevos y recurriendo con más frecuencia a otros instrumentos, sobre todo de cuerda. Pero, sobre todo, si algo define el sonido de Third es la oscuridad, o, más que oscuridad, un continuo tono gris que parece surgir de las profundidades, lleno de resonancias y de ecos.

Third se abre con Silence, que tiene la virtud de definir, desde el principio, el tono general del álbum. Un ritmo repetitivo y marcial sirve de pie para que Beth Gibbons desarrolle una línea melódica que raya casi en la atonalidad. A pesar de todo, existen reminiscencias de los sonidos de discos anteriores, como en esa línea  aguda que acompaña todo el tema. Silence es uno de los cortes más escuchados de Third, y, sin duda, lo es por el ritmo absorvente ya comentado.

Silence termina de forma abrupta, como si un intruso hubiera detenido el reproductor, para dar paso a Hunter, tema en el que todas las reminicencias del pasado, todo lo que uno creía saber sobre Portishead desaparece por completo. La construcción del tema es sorprendente. Sobre una percusión lenta y profunda en compás ternario, una guitarra dobla el ritmo con acordes secos mientras otra apunta la melodía con la nota final de cada frase. Existen cuatro bloques, separados por un mismo estribillo intrumental que, sin embargo, está tocado en las impares con una guitarra distorsionada y en la otra con una base electrónica circular. Sin duda, uno de los grandes cortes del disco.

Nylon Smile amplía el espectro sonoro, como ya hemos dicho antes, con otro ritmo ternario que, en esta ocasión, recrea un ambiente selvático, con unos tambores primitivos, recreaciones del cantar de aves tropicales y coros de Beth Gibbons en un registro más alto de lo habitual. La melodía central, rayando de nuevo en la asonancia, es uno de los mejores ejercicios vocales del disco. Es un tema lleno de matices y detalles, como la escenificación de un eco con dos guitarras dobladas o alarmas intermitentes apenas audibles.

The Rip, segundo single del disco, es, sin lugar a dudas, la canción más accesible de Third. Un sencillo arpegio descendente de guitarra, tocado intencionadamente con torpeza, sirve de base para una melodía lírica y hermosa donde hasta Beth Gibbons se permite el lujo de poner más fuerza en su famélica voz. Es una canción tan apetecible, que hasta Radiohead ha hecho un cover.

Plastic podemos considerarla como un homenaje que Portishead se hace a sí mismo. Un tema trip hop clásico que podría haber estado en los dos discos anteriores perfectamente de no ser por ese aroma grisáceo exclusivo de Third y por los súbitos y violentos cambios de ritmo. De hecho, como en una traición, Portishead termina la canción diluyendo las bases electrónicas para sustituirlas por un acompañamiento de guitarra que, esta vez, sí suena clara y brillante.

Con We Carry On nos sumergimos en un ritmo binario construído con sonidos industriales que se suporponen unos a otros y en el que la voz de Beth Gibbons, en realidad, no es más que un instrumento más. Es un tema que no da un solo respiro, un tema complicado y complejo que es necesario escuchar muchas veces para poder disfrutarlo.

Tal vez por la densidad del tema, Portishead, demostrando que, el fondo, tienen buen corazón, hacen un alto en el camino para tocar Deep Water, una canción que se sale por completo de la filosofía del álbum, una hermoso tema folk de aroma norteamericano que Beth Gibbons parece haber cantado nada más despertarse.

Y, entonces, llega el momento en que Portishead, en un giro violento y decidido, ataca con Machine Gun, el primer single del disco. Una batería y unos samplers simulan disparos de ametralladoras. Beth Gibbons demuestra por qué es una de las mejores cantantes de este momento y de cualquier otro. Un tema extraordinario pero engañoso, ya que, aunque resulta muy atrativo en el primer medio minuto, después es fácil darlo por escuchado ante la aparente repetición y perderse todos los detalles que lo adornan, así como la apoteosis instrumental de toda la segunda parte.

Small es otro de los temas más complicados de todo el disco. Empieza de forma sencilla con una bellísima melodía y melancólica (If I remember the night that we met) cantada a guitarra por Beth Gibbons. Sin embargo, no llevamos ni un minuto cuando empieza a complicarse. Aparece un segundo movimiento con la voz de Beth doblada y un base profunda, que parece imitar la chimenea de un barco. El movimiento dura otro minuto entero, para dar paso a un tercero instrumental de una factura hermosísima. El segundo y tercer movimiento se alternan otra vez antes de dar el tema por terminado. Una auténtica maravilla.

Magic Doors, tercer single del álbum, es el único tema accesible del disco junto con The Rip. Una hermosa canción con aromas e instrumentación inspirada en los ritmos árabes que se potencia en un estribillo a piano forte sensacional y una Beth Gibbons en estado de inspiración.

Ni siquiera para cerrar el disco, Portishead deja de sorprender. Threads parece casi un tema sacado de algún álbum  grunge. Una frase de tres notas asciende y desciende en la cuerda de una guitarra mientras Beth desgrana la melodía. Entonces, un estribillo distorsionado se desborda, aprisionando prácticamente la voz y dando paso, después de dos repeticiones, a una melodía agónica que desaparece enseguida. El tema termina con los suspiros graves de la chimenea de un barco, prolongada medio minuto.

Realmente, Third es un disco para el que faltan palabras. Una obra que todavía no ha desvelado su verdadero potencial, una bomba retardada que hará sentir su influencia y sus efectos durante mucho tiempo. Es imposible quedarse con un sólo tema. Podría elegir cualquiera.

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Letras de los temas de Third

The Dear Hunter – Act I: The Lake South, The River North

In Música on febrero 3, 2009 at 10:19
The Lake South, the River North

Act I: The Lake South, the River North

Hoy retrocedemos más de dos años al pasado para empezar una serie que deseamos pueda durar mucho tiempo.

El 26 de Septiembre del 2006, Casey Crescenzo, que hasta entonces había sido miembro del grupo de post-hardcore The Receiving End of Sirens, publicaba, bajo el nombre de The Dear Hunter,  el disco Act I: The Lake South, The River North, primera entrega de una serie planeada para contar por medio de la música el nacimiento, vida y muerte de un chico marcado desde su nacimiento por el dolor y abocado a tener una vida difícil al ser hijo de una prostituta.

Ya desde sus orígenes a finales de los sesenta, el rock progresivo, con sus obras conceptuales, ha tenido una tendencia muy acusada  a ser el vehículo para contar historias, acercándose, de ese modo, al territorio de la ópera rock (pensemos, sin ir más lejos, en un clásico, The Lamb lies down on Broadway, de Genesis).

En el caso que nos ocupa, The Dear Hunter comenzaba una obra que, sin tener los elementos suficientes como para poder constituir una verdadera historia dramática en su conjunto, sí estaba animada por ese espíritu.

Si algo distingue musicalmente a The Dear Hunter es la enorme variedad de influencias que deja entrever, desde Muse (muy presente en varios de los temas), The Mars Volta o incluso Radiohead.

No analizaré demasiado las letras de Act I: The Lake South, The River North, ya que son demasiado simbolistas y metafóricas como para tener un significado claro y unívoco. Si alguien quiere adentrarse en este terreno, puede pulsar aquí e ir a un foro de discusión donde se habla de cada uno de los temas con un nivel aceptable.

Battesimo Del Fuoco, el bautismo del fuego, abre el disco como si se tratara de una tragedia griega, con un coro a capella en el que se anuncia el nacimiento de un bebé fruto de la pasión, no de amor.

The Lake South, tema instrumental, es la verdadera obertura de la obra, una obertura de hecho muy influída por las óperas decimonónicas y que utiliza cuerdas graves e instrumentos de viento para desarrollar un tema en crecendo que transmite, por ejemplo, el lento despertar de una ciudad.

La historia comienza de forma abrupta con un riff frenético de guitarra que es la carta de presentación de City Escape, uno de los temas más sorprendentes de todo el disco y el que mejor acogida ha tenido en general entre los oyentes.

A continuación tenemos el que para mí es el mejor tema de todo el disco, The Inquiry of Ms. Terri, un tema muy influenciado por el sonido y la estructura del Paranoid Android de Radiohead, entre otros. Desde la suavidad con que empieza, pasando por varios pasajes en los que se nos cuenta la vida de Ms Terri, la madre prostituta, hasta el emocionante e indescriptible estallido final, todo el tema está atravesado de bellos coros y es un verdadera joya en cuanto al equilibrio que en él existe entre el ritmo y la melodía, entre los pianos y las guitarras.

Los siguientes dos temas, 1878 y The Pimp and The Priest, suponen una vuelta más a la fórmula descrita en los dos anteriores temas, a parte de la introducción de algún nuevo instrumento como la trompeta y atmósferas de acompañamiento, más presentes y conseguidas en la segunda.

El álbum llega a un remanso con la dulce guitarra acústica que da inicio a His Hands Matched His Tongue, otra verdadera maravilla con una estructura sencilla, introducción y estribillo, que se repite dos veces para terminar, como en el caso de The Inquiry of Ms. Terri, en una explosión que se va anunciando poco a poco.

Para terminar, The River North es una melodía melancólica a piano solo que nos llega desde lo lejos, como si hubiera sido rescatada del pasado, con el sonido de fondo de la aguja de un tocadiscos. Termina con unos aplausos y la sección de cuerda de una orquesta afinando en La.

En general, los ochos temas de este primer acto presentan las herramientas con las que Casey Crescendo se propone a desarrollar su propuesta. Puede decirse que los pilares en los que está soportada son City Escape y The Inquiry of Ms Terri, esta última mi elección personal.

Si alguien quiere disfrutar con Act I: The Lake South, The River North, está disponible en purevolumen.

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