Clave de Sol

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Willowglass – Book of Hours

In Música on marzo 30, 2009 at 15:14
Willowglass - Book of Hours

Willowglass - Book of Hours

Los libros de horas fueron un tipo de obras literarias habituales en la Edad Media entre las clases pudientes. Eran libros religiosos y de una gran belleza gráfica en los que se detallaba el tipo de liturgia que debía acompañar a cada hora del día.

Andrew Marshall, motor en solitario del proyecto Willowglass, publicó el 26 de Mayo del 2008 Book of Hours, su segundo álbum, con el consiguió una meritoria nominación a los últimos Prog Awards en la categoría de mejor álbum de rock progresivo extranjero (recordemos que estos premios se conceden en Italia). Y digo meritoria porque todos los instrumentos que suenan en este disco, desde las guitarras hasta los teclados, están tocados por él (salvo la percusión, para la que debe ser que fue incapaz de sacar más tiempo y tuve que recurrir a Dave Brightman).

Quizá este aspecto, el de tratarse de una obra concebida y tocada en solitario pero con una estructura multinstrumental, explique en gran medida las virtudes y los defectos de este disco.

Book Of Hours es una obra sencilla y fácil, las dos cosas. Por un lado es rock progresivo del clásico, del que ya hemos referenciado en alguna ocasión, pero hecho con enorme sencillez, como si el amigo Marshall hubiera querido hacer un método sobre qué es este tipo de música en cinco pasos.

Por otro lado, es un álbum fácil en el sentido de que la arquitectura interna de cada tema no tiene gran complicación, no aporta gran cosa a los que estén acostumbrados a escuchar rock progresivo. De hecho, parece haber sido desarrollado con la clara intención de que sea un disco fácil, que entre a la primera. Y en esta segunda característica puede que radique el mayor de sus defectos. Book of Hours me parece un disco que, llegado a cierto número de escuchas, va muriendo poco a poco, agotándose.

Sin embargo, si lo hemos referenciado aquí es porque se trata de una auténtica maravilla sonora, un disco que sólo se puede calificar con el adjetivo de hermoso. Y este sí, este se puede escuchar mientras uno friega los platos.

Por cierto, es el primer álbum instrumental de principio a fin que ponemos en Pezones de Venus.

Argamasilla (1 of 2 2 of 2) es la carta de presentación, un tema de diez minutos con un tono entre alegre e idílico con una estructura que es común en todo el disco, pasajes sucesivos, hilados de un forma sutil y muy elegante. Puede recordar a muchos grupos y a ninguno (aunque a mí me recuerda sobre todo a Genesis).

Willowglass no es más que un interludio, algo soso de hecho para mi gusto, pero necesario para dar paso al primero de los puntos álgidos del disco.

The Maythorne Cross es el tema con más fuerza de un disco que no se caracteriza precisamente por ser muy exaltado. La parte central sobre todo, con esas cuerdas en tonos bajos y el órgano repitiendo la melodía, una melodía en tono menor con influencias orientales, es emocionante. Y es que la fuerza no reside en aporrear una guitarra hasta destrozar los tímpanos del personal, sino en saber articular los movimientos de un tema de forma que la propia estructura transmita tensión y en una interpretación virtuosa de los instrumentos.

Eso es lo que sucede también enBook of Hours, un tema más tranquilo que toma la fórmula de repetir varias veces la misma frase antes de cambiarla y que termina con una guitarra en la lejanía tocando una melodía que recuerda a la música de principios del siglo XX de Satie, por ejemplo, y que introduce el que para mí es el gran tema del disco.

The Labyrinth (1 of 2 2 of 2) es el comendio de todos los demás temas, además de ser el más largo (casi diecisiete minutos). Es el único momento del disco en que Marshall roza la inspiración genuina. No le asusta empezar con una guitarra que suena a renacentista y pasar a continuación a una guitarra eléctrica que abre la línea melódica. A partir de ahí, todo es posible. Un constante cambio de ritmos y de tonos que al fin no suena a encaje de bolillos (como en los casos anteriores) sino a concepto claro desde el principo, un eterno discurrir alrededor de la melodía renacentista, casi medieval.

En resumen, Book Of Hours es un álbum que no se caracteriza por su originalidad sino, en todo caso, por su eclecticismo. Es un disco perfecto para hacerse una idea, de la forma más fácil posible, de qué es el rock progresivo, como si se tratara de un catálogo de muestra. Alguien lo ha calificado de rock progresivo comercial, y no está muy desencaminado, siempre que esté también dispuesto a aceptar que contiene una gran belleza, una belleza que logra transmitir.

The Killers – Day & Age

In Música on marzo 21, 2009 at 13:41
Day & Age

Day & Age

Esta semana vamos a ir por lo fácil para no pecar de ser demasiado intelectuales y demostrar que también tenemos sangre en las venas.

Vamos a olvidarnos por un momento de las obras conceptuales, profundas y complejas, y dejémonos llevar por la energía, la vitalidad y la adrenalina.

Después de convertirse en uno de los estandartes del indie y erigirse en uno de los grupos más reconocidos de Estados Unidos, The Killers, cuya carrera empezó en Las Vegas, publicaba el 24 de noviembre del 2008 su tercer disco oficial, Day & Age.

Si los dos discos anteriores les situaban dentro del indie más ortodoxo, ése al que tanta manía le tenemos en Pezones de Venus, Day&Age suponía un cambio de registro radical que ha enfurecido a muchos de sus irredentos fans y les ha abierto las puertas de las audiencias masivas.

Ahí radica el misterio de la polémica que ha provocado el disco. Los que se habían enamorado de sus discos anteriores les acusan de haber sacado un disco inferior a los anteriores y de haber hecho concesiones comerciales. Los demás, los que hasta este momento pensaban que The Killers sólo era el plural en inglés de asesino, se han encontrado con un grupo nuevo al que se han entregado con los brazos abiertos.

Ése es el objetivo del disco. The Killers ha decidido dar un salto adelante para entrar en la primera división y, para conseguirlo, no ha dudado en demostrar que saben tocar algo más que indie. Por eso no es justo ni coherente juzgar Day&Age en comparación con los dos anteriores, ya que ése no es su objetivo. De hecho, al escucharlo detenidamente, da la impresión de que The Killers es un grupo que, actualmente, está sobrado de inspiración, que perfectamente podrían haber hecho un tercer disco parecido a los anteriores sin despeinarse, que lo que han pretendido es poner su carta de presentación en las televisiones de medio mundo.

Y para hacerlo, han recurrido a una fórmula nada original pero que se está convirtiendo en un lugar común últimamente: sacar petroleo de la úsica de los ochenta.

El disco abre con Losing Touch, un tema muy medido a medio camino entre el rock indie, la música disco de finales de los setenta y el tecno-pop. Una mezcla perfecta para dejar claro desde el principio de qué va a ir la cosa. The Killers declaran que aquí no se viene a reflexionar, sino a gritar.

Por si alguien no se  ha dado por enterado, Human, primer sencillo del disco, reafirma la apuesta, pero esta vez con una melodía y unos arreglos llenos de eléctrónica y música dance pensados para llegar al número uno de las listas. No sé si todavía habrá alguien que no haya escuchado esta canción. Tal vez en la Antártida.

Spaceman cierra el trío inicial con un estallido. Toma todo lo propuesto en los dos temas anteriores y, sin olvidar que este es un disco de masas, ofrece a los cuatro vientos uno de los mejores himnos contra la tristeza, la depresión y la apatía que se recuerdan. Como suele decirse, este tema sería capaz de resucitar a un muerto. Si usted lo está, prepárese para volver a la vida. Para mí, la canción estrella de todo el disco.

Joy Ride relaja un poco las cosas con un ritmo mucho más dance que los anteriores, incluso con toques funky. Un tema que pasaba por allí.

Llegamos a la mitad del álbum y The Killers se sientan a descansar con A Dustland Fairytale, un tema lento en su primer aparte, muchos teclados correctos y una melodía de las que se llaman bonitas. En la segunda parte, una vez que han tomado aire, lo repiten y lo llevan al climax acelerándolo. Un ejemplo de que este grupo norteamericano sabe lo que hace, a pesar de que a sus fans indies crean lo contrario.

This Is Your Life es otro tema que pasaba por allí y lo vistieron de bonito para que encajara en este disco.

I Can’t Stay es el tema más alabado por los admiradores de los dos discos anteriores, normal, porque es el más indie de todos. Sorprendentemente, hay que reconocer que no está nada mal, gracias a que incluye en la orquestación los sonidos que ya hemos escuchado anteriormente, enriqueciéndolo.

Neon Tiger es, en mi opinión, el tema más facilón que ha hecho The Killers en su historia. Han juntado un par de fórmulas conocidas y no se han complicado más la vida. Total, ¿para qué? A estas alturas, ya tienen, al menos, tres bombas con que ganarse al personal.

Con The World We Live In volvemos a otro temazo incontestable pero, en esta ocasión, con un toque de elegancia en ese ritmo típico de los ochenta y la ambientación tecno. Delicioso.

Y para terminar, se nos ponen estupendos y nos sueltan Goodnight, Travel Well, una especie de canción existencialista y oscura, que contrasta completamente con el resto del disco y en el que se preguntan por nuestro lugar en el universo, por el sentido de la vida y por las cosas más peregrinas. No se sabe muy bien por qué lo han incluído aquí. Tal vez para recordar que, como ya hemos dicho, Day&Age es un proyecto, una forma de entrar en un nuevo mercado, y no una claudicación ni un agotamiento de sus musas personales.

Resumiendo, podríamos decir que The Killers han hecho un disco luminoso que invita no a la felicidad, sino a la alegría a pesar de todo, a dar saltos y a olvidarse de las calamidades. Y yo le doy las gracias por ello, porque los tiempos no están para ir despreciando ánimos alegremente.

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The Dear Hunter – Act II: The Meaning of, and All Things Regarding Ms. Leading

In Música on marzo 11, 2009 at 13:27
Act II: The Meaning of, and All Things Regarding Ms. Leading

Act II: The Meaning of, and All Things Regarding Ms. Leading

A principios de febrero hablamos de la primera parte de la magnífica obra en la que está inmerso Casey Crescenzo liderando The Dear Hunter, Act I: The Lake South, The River North.

Ha llegado el momento de abordar la segunda parte, en la que asistiremos a la muerte de la madre de nuestro protagonista, Ms. Terri, y al descubrimiento del amor, en los brazos de una prostituta, Ms. Dealing. Como ya comentamos en su momento, aquel que quiera desentrañar el significado de las letras y perderse en esta emotiva y desgarradora historia, puede hacerlo en este foro.

El que haya escuchado el primer acto no encontrará grandes novedades en lo que a sonoridad se refiere. The Meaning of, and All Things Regarding Ms. Leading, publicado el 22 de Mayo del 2007, es una profundización en la apuesta del primer disco.

Al igual que en el primer acto, el álbum comienza con una corta introducción, The Death and the Berth. Si en la primera parte era un coro a capella, en esta ocasión nos encontramos con una pequeña obertura de apenas cuarenta segundos llena de una suave melancolía.

Y sin darnos tiempo a digerirlo, The Procession ataca con un riff que recuerda al primer gran tema del primer acto, City Escape. Probablemente sea el tema más poderoso, más hardcore y más cercano a la tradición musical de la que procede nuestro amigo Casey. Una joya incluso para los que, como yo, no somos muy amantes de este tipo de descargas de adrenalina.

The Lake and the River es el tema más largo del disco, con nueve minutos y medio. Tiene una estructura bastante compleja que oscila de un pasaje a otro, repitiendo temas. Lo más destacado, probablemente, sea la gran variedad de ritmos y de instrumentación, además del trabajo vocal y de posproducción. Se nota la dedicación que hay que detrás. Y, para redondearlo, un coro grave prepara las condiciones para el momento más inesperado del disco.

Y es que, de repente, Casey va y se marca un swing moderno en The Oracles on the Delphi Express que bailaría hasta Benny Goodman si levantara la cabeza. Y, para terminar, unos coros angelicales dan paso a unos suaves acordes de guitarra sobre los sonidos de fondo de una catedral, introduciendo el leit motiv que desarrollará el siguiente tema.

The Church and The Dime: en este magnífico pasaje, que empieza enlazando con el anterior, se desarrolla de forma magistral todas las posibilidades de ese bello leit motiv, primero en clave melancólica, después en clave hard, para terminar de nuevo en el mismo remanso, cerrando el círculo. En este tema se desvelan algunas de las claves sobre uno de los personajes clave de la historia.

The Bitter Suite 1 and 2: Meeting Ms. Leading and Through the Dime: En este tema se nota, probablemente más que en ningún otro, la enorme influencia de Muse sobre el grupo. Arpegios constantes de piano sirven para crear un crescendo progresivo en la primera parte. Un break de batería sirve para introducir una segunda parte que evoca, aunque a un ritmo más lento, The Oracles on the Delphi Express.

The Bitter Suite 3: Embrace: También muy influenciado por Muse, este pasaje, junto con el anterior, describe cómo  The Dear Hunter, el nombre del protagonista, conoce a Ms. Leading en el burdel The Dime.

Con Smiling Swine, otro tema de estructura compleja, tenemos por primera vez la oportunidad de dar palmadas, dar saltos y sonreír, como bien reza el título. Una refrescante invitación a la alegría.

Evicted: Uno de los temas más hermosos y conseguidos del álbum, con un comienzo tranquilo y un estribillo emocionante y acelerado. Inspiración en estado puro.

Blood of the Rose: tema muy clásico, inspirado en las óperas veristas decimonónicas, algo que ya comentamos también sobre el primer acto.

Y llega Red Hands, el tema más celebrado del álbum, probablemente la canción más pop de este segundo acto. Personalmente, creo que existen temas mucho mejores en esta obra. No acabo de comprender bien la pasión desaforada por esta canción.

Where the Road Parts es el único tema al que no acabo de encontrarle la chispa, para que nos vamos a engañar.

Dear Ms. Leading nos devuelve a The Procession, al mundo hardcore de The Receiving End of Sirens, pero sin renunciar a un profundo lirismo.

Vital Vessle Vindicates cierra el álbum incluyendo ritmos circenqueses y un piano remolón e insistente que se va difuminando en la distancia entre voces y las olas del mar  mientras escuchamos de nuevo uno de los eternos leit motivs a piano.

Este segundo acto, como pueden ver, es mucho más amplio que el primero, tanto en magnitud sonora como en longitud temporal. Lo mejor para disfrutarlo es escuchar previamente la primera parte.

Y aquí nos quedamos, a la espera del inminente estreno del tercer acto.

Letras de Act II: The Meaning of, and All Things Regarding Ms. Leading

The Dear Hunter Fansite

Web Oficial

Fleet Foxes – Fleet Foxes

In Música on marzo 3, 2009 at 14:28
Fleet Foxes

Fleet Foxes

Bloqueados por la nieve, seis hermanos trabajan partiendo leña para calentarse durante el duro invierno. Pero lo hacen con desgana. Sus pensamientos están en otro sitio. En la ciudad cercana. Al lado de seis hermosas mujeres. Para intentar combatir la nostalgia, recurren al único remedio posible, cantar.

La primera vez que escuché Fleet Foxes, el álbum de debut de Fleet Foxes, publicado el 3 de Junio del 2008, me vino enseguida a la mente esta bellísima canción de la película Seven Brides for Seven Brothers, Lonesome Polecat,  que muestra con sencillez y genialidad ese estado de inactividad nerviosa en el que uno se sume cuando está realmente enamorado.

Y es que ambas obras proceden de un tronco común, el folk del oeste norteamericano, la antigua música tradicional nacida entre los picos de las montañas rocosas y los valles que descienden hacia el océano Pacífico.

Fleet Foxes, amigos y residentes en Seattle, se han convertido, con este único disco, en el nuevo gran grupo norteamericano del momento. Y, por una vez, la fama que les precede no es infundada. Su álbum abre de par en par el baúl del folk más purista para decorarlo con ritmos pop y retazos de rock amable, creando un sonido luminoso y sosegado que evoca a la naturaleza. La maravillosa voz del solista, y la perfecta armonía con la que están trabajados los omnipresentes coros que atraviesan el disco, contribuyen a esta atmósfera idílica y subrayan el nivel de exigencia que se autoimpone esta agrupación en todos los aspectos.

El álbum se abre con los coros religiosos de Sun It Rises, seguidos inmediatamente por las cuerdas, dibujando el tono barroco general del disco. Si no se está acostumbrado a este tipo de música, al escuchar este primer tema uno puede tener la sensación de haberse metido en camisas de once varas. Tengan paciencia.

Porque, como decía mi abuela y todas las abuelas que en el mundo han sido, la paciencia, al final, siempre tiene su recompensa. Y Fleet Foxes, que van de chicos buenos, no nos hacen esperar mucho para hacernos el primer regalo por nuestro esfuerzo, la impresionante White Winter Hymnal, probablemente el buque insignia del disco. El comienzo es parecido al anterior, va ascendiendo poco a poco hasta desembocar en unos coros antológicos acompañados de cuerda, coros que evocan paisajes montañosos y cabalgadas en solitario.

Con Ragged Wood entramos en un sonido más pop. Ahí está la batería marcando un típico ritmo binario y la melodía estructurándose en un armazón estrofa-estribillo clásico. Únicamente las improvisaciones vocales e instrumentales de la parte central rompen efímeramente la composición, que, con sus algo más de cinco minutos, es la más larga del disco.

Tiger Mountain Peasant Song relaja de nuevo los ánimos con una introducción de cuerda bellísima y llena de armonía, que evoluciona despacio apoyando la dulce voz del solista, que hace uno de los mejores trabajos del disco.

Aunque no lo parezca a simple vista, Quiet Houses es, en el fondo, un tema completamente indie. Y no lo parece porque la instrumentación y las voces lo visten de una forma poco convencional. En manos de otro grupo, por ejemplo Editors, revelería sus verdaderas intenciones. Tal vez por eso sea el corte que menos me interesa de álbum.

He Doesn’t Know Why nos recuerda a esas canciones del flower power de los sesenta, canciones inocentes y llenas de buenas vibraciones compuestas al calor del sol.

A partir de Heard Them Stirring, Fleet Foxes encadenan una maravilla tras otra, elevando cada vez más el listón de la excelencia y la emoción. El tema es un coro contínuo, similar a los anteriores, pero con comienzo mucho más grave, más profundo. A medida que avanza, el vocalista sube en escalas hasta terminar en un coro general agudo. De las canciones más cuidadas e inteligentes del disco.

Your Protector es, en toda regla, lo que suele denominarse una cavalcade, es decir, una evocación del ritmo de un caballo cabalgando, más evidente en la primera parte. En la segunda se calma y bucea en variaciones sobre la melodía original con una instrumentación, de nuevo, cuidadísima que merece la pena escuchar varias veces.

Meadowlarks es una balada clásica, que compienza con una voz pausada y un bello acompañamiento de guitarra. Un hermoso coro de murmullos da paso a la segunda parte, que retoma el tema inicial para, de repente, girar espectacularmente con un cambio de tono que demuestra, sin dejar lugar a dudas, que Fleet Foxes es capaz de imprimir originalidad hasta en los temas más convencionales.

Blue Ridge Mountains es, personalmente, mi canción preferida del álbum (y en la que, como siempre, invoco a la clave de sol), si no fuera porque las musas tocaron una noche a Fleet Foxes y les regalaron White Winter Hymnal. En este tema, se destapan como un grupo capaz de componer canciones complejas con varios movimientos que se suceden uno detrás de otro con sencillez y harmonía. Los primeros cincuenta segundos están en sintonía con otros temas del álbum, coros agudos acompañados de una cuerda intentando hacerse pasar por un arpa. Unos acordes de guitarra abren el segundo pasaje, algo más pop, con dos bloques preciosos y perfectamente balanceados por el vocalista. Después de otro minuto y medio, los instrumentos van callando progresivamente para, después de dejar al cantante solo durante unos segundos, retomar de nuevo con un estribillo circular que se repite, que va explotando poco a poco, que podría haber explotado más de no ser porque Fleet Foxes es un grupo amante de la moderación. Una aunténtica belleza.

Y para terminar, el grupo cuelga los instrumentos, las armonías y nos ofrece una canción desnuda, Oliver James. Sólo grupos grandes de verdad son capaces de salir a un escenario y tocar temas como éste sin que suene a las fórmulas repetidas durante siglos.

Fleet Foxes es un disco de canciones cortas, de canciones sosegadas, de canciones barrocas en su instrumentación y en su pretensión principal, emocionar. El único muro que hay que saltar para disfrutarlo probablemente sea el que uno se encuentra al escucharlo por primera vez, ya que, como hemos dicho al principio, es un álbum de folk norteamericano puro de principio a fin. Ese es el problema. Al igual que las drogas y la clave de sol, la pureza puede resultar, al principio, demasiado fuerte. Pero, si uno persevera, acaba entrando en el paraíso.

Letras de Fleet Foxes – Fleet Foxes

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