Clave de Sol

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Marillion – Happiness is the Road – I: Essence

In Música on abril 29, 2009 at 13:59

Happiness is the Road- Essence Ha llegado el momento de reseñar este doble álbum que Marillion publicó en septiembre del 2008, el décimo quinto de su larga carrera. Durante los últimos meses me he debatido entre hacerlo o no, lo he escuchado varias veces y he llegado a la conclusión de que necesito explicar lo que pienso de él para liberarme de una vez por todas.

Marillion forma parte de esa oleada de grupos que, a principios de los ochenta, tomaron el testigo de los agotados grupos del rock progresivo clásico, siguiendo el camino donde ellos lo habían dejado, siendo denominado el movimiento, de forma genérica, como rock neo-progresivo. Inspirándose en la música de década anterior, introdujeron modificaciones como la introducción de sintetizadores modernos, una concepción de los temas más centrada en la composición (en oposición a la improvisación de los setenta), canciones más cortas y un sentido del espectáculo más depurado. Por la época en que surgieron, pronto incluyeron en su música fórmulas y estructuras cercanas al pop y al jazz, por lo que muchos puristas del rock progresivo les tienen crucificados.

Como toda declaración de principios, aquellas críticas tan radicales pecaron de simplistas y dejaron en el camino grandes creaciones y bandas que merecían la pena, una de las cuales es la integrada por estos ingleses que tomaron el nombre del grupo del conocido libro de Tolkien Silmarillion. De hecho, se considera a Marillion la quinta esencia del movimiento, además de ser el qué más éxito ha tenido en cuanto a ventas y seguidores.

Veinticinco años después de la publicación de su primer disco, Marillion sacaba al mercado Happiness is the Road, un álbum doble que me llamó poderosamente la atención después de escuchar una magnífica entrevista que la gente de Radio3 le hizo al líder del grupo, Steve Hogarth.  En ella, el vocalista contaba los duros momentos que había pasado recientemente, desde el divorcio con su mujer de siempre, pasando por una nueva relación que le había dado la oportunidad de ser padre otra vez, hasta la muerte de su padre. Enseguida sentí curiosidad por cómo habrían afectado esas vivencias a la música del grupo, cómo las habrían plasmado.

Ya el título del disco, otra declaración de principios, nos da una idea de lo que nos vamos a encontrar. En él, los de Steve Hogarth, inspirándose, al parecer, en un libro de autoayuda muy popular llamado The Power of Now, le dan la vuelta a la forma tradicional de entender la vida, afirmando que la felicidad no es éso que nos espera al final del camino, que la felicidad no es la recompensa por nuestros esfuerzos. La felicidad, según Marillion, es el camino mismo, las cosas que hacemos mientras luchamos por llegar a algún sitio donde nos sintamos menos solos, a algún sitio donde las cosas tengan un poco más de sentido.

Es decir, que el sufrimiento y las malas experiencias de su vocalista han sido catalizadas por Marillion hasta convertir su música en una catarsis que nos impulse a seguir adelante, valorando las cosas hermosas que hay en la vida y sabiendo aceptar las derrotas y los fracasos. Es un álbum luminoso, optimista, exento de esos sonidos oscuros y tenebrosos por lo que tanto transita el progersivo actual. Es un disco muy cercano al pop, un disco muy asequible, fácil de asimilar y agradable de escuchar en cualquier momento del día o de la noche.

En Pezones de Venus, vamos a analizar el disco en dos entregas distintas, dedicando cada una de ellas a las dos partes de que consta este Happiness is the Road. Creo que es bastante útil, ya que la concepción de ambas guarda diferencias importantes.

La primera, subtitulada Essence, es la más homogénea de las dos en todos los sentidos. Es una obra conceptual, en el sentido de que todos los temas se engloban dentro de una reflexión, muy directa y sencilla, sobre los estados de ánimo del ser humano, sus miedos, sus incoherencias y sus virtudes. Músicalmente está lleno de temas cercanos, pegadizos y sin muchas complicaciones.

Marillion abre Happiness is the RoadEssence con Dreamy Street, una introducción que no llega a los dos minutos y en la que una atmósfera étera y un piano profundo sirve de base para que Hogarth nos hable de un sueño algo surrealista. Igual que el origen de la vida y del amor, este comienzo es algo enigmático, y me parece interesante que sea así.

¿Qué es la vida? Cada uno podría dar su propia respuesta. Para Marillion, es como un tren en el que uno viaja sin saber bien cuál es el destino, un tren en el que uno va pasando por una estación tras otra, en el que a veces va dormido sin darse cuenta de lo que sucede a su alrededor y otras despierto y alerta. Y, sobre todo, un tren en el que uno siempre quiere viajar acompañado. Ese es el escenario que dibuja This Train Is My Life, un tema con el que Marillion abre definitivamente el álbum danbdo una dosis de pop sugerente y atractivo que difícilmente puede decepcionar.

Imaginen ahora que se bajan en una de esas estaciones. Marillion describe el placer de la existencia cuando uno consigue darse cuenta de que, lo importante, es dejarse llevar por la esencia de las cosas. Essence es uno de los dos puntos brillantes de todo el disco, un tema mucho más progresivo que el anterior, que avanza a través de diversas sensaciones y sonidos convirtiendo la naturaleza y todo lo que nos rodea en una oportunidad para vivir. El tramo final del tema es un crescendo lleno de sensibilidad en el que Hogarth desgrana un verso tras otro haciendo crecer con su voz la emoción.

Wrapped Up in Time es un tema melancólico que habla del poso que dejan las cosas que van quedando atrás, de la imposibilidad de recuperarlas y del recuerdo que de ellas nos queda (An echo of  the time they were wrapped in / Sweet or bitter in the memory).

Liquidity es un tema instrumental muy basado en su título, la emulación de gotas cayendo por medios de sintetizadores y un ritmo circular en consonancia con la apuesta sonora del resto del disco.

Pero también nosotros mismos, todos nosotros, tenemos un lado incoherente y profundamente inestable que nos hace arrepentirnos de las cosas que hemos deseado durante mucho tiempo, estar constantemente insatisfechos, tener la sensación de que nada puede llenar ese vacío en nuestro interior. De eso habla Nothing Fills the Hole, un tema con un ritmo incial que pide segundo a segundo una liberación que llega enseguida con un estribillo en el que la voz es, en realidad, un instrumento más. La canción termina en un remanso agradable, como los momentos después de hacer el amor.

Woke Up es un tema muy ochentero, demasiado tal vez, que no creo que aporte demasiado al disco y cuya letra, excepcionalmente, se aparta del viaje emocional que estamos describiendo.

Trap the Spark nos habla del irreprimible deseo de intentar atrapar esos momentos mágicos que nos suceden de vez en cuando, los momentos en los que todo es perfecto. Haciendo referencia al libro de Stevenson La Isla del Tesoro, Marillion propone un tema inestable, lleno de subidas y bajadas, intentando emular la sensación de la que hemos hablado.

A State of Mind empieza como una especie de fábula en la que un viajero que viaja en un avión descubre, através de una grieta en las nubes, una isla en la que viven cientos de personas en armonía. Hogarth nos invita a olvidarnos de nuestras antiguas heridas y unirnos en hermandad con el resto del género humano. Un estribillo que recuerda el juego vocal de This Train is My Life, aunque sin su fuerza.

Después de este viaje emocional, Marillion presenta su moraleja en Happiness Is the Road, el segundo de los grandes momentos de esta primera partel del disco. Su conclusión es que debemos sentirnos afortunados por cada nuevo día que vivimos, ya que es una nueva oportunidad de empezar de nuevo, de superar el sufrimiento y empezar a andar de nuevo por ese camino que, aunque no nos lleve nunca a un destino identificable, nos llenará de felicidad si sabemos recorrerlo. La primera parte es una oda atmosférica y frágil construída con sintetizadores y una voz que nunca le ha sonado a Hogarth tan llena de sensibilidad. A los tres minutos, da un giro de ciento ochenta grados, e inicia una línea argumentativa, llena de posibilidades distintas, en la que recuerda las veces en las que uno no es capaz de avanzar porque está atenazado por los malos recuerdos y el sufrimiento. La melodía avanza en un claro crescendo que se va llenando de energía hasta explotar en el espasmódico y liberador verso central, Happiness is the Road!, invitándonos a seguir adelante (Look around you / Feel your soul inside you), a saborear lo que nos rodea (The life that’s giving In every thing that’s living) , para terminar con un salmo contra la tristeza y el dolor (You are not your pain / Say it again / You are not your pain).

Essence termina con Half-Full Jam, un tema que, en mi opinión, después del magnífico tema épico que acabamos de describir, sobraba.

En general, esta primera parte, salvo momentos excepcionales, muestra, como ya decíamos, una gran homogeneidad musical y conceptual. Si me ha costado reseñarla, es porque, a pesar de los momentos brillantes que tiene, también deja cierta sensación de agotamiento, de poca originalidad en algunas de las canciones. Happiness is The Road ha provocado todo tipo de reacciones, desde las más entusiastas (que han llegado a calificarlo como el mejor disco del grupo) hasta las más críticas (que lo han visto como un giro más hacia lo comercial). Creo que la verdad está en un punto intermedio.

The Official Marillion Website

Entrevista a Marillion en Radio3 (RNE 3)

Nick Cave & The Bad Seeds – Dig, Lazarus, Dig!!!

In Música on abril 24, 2009 at 07:57
Dig, Lazarus, Dig!!!

Dig, Lazarus, Dig!!!

Justo un año después de la publicación de Grinderman, el álbum con el que Nick Cave presentaba en sociedad su grupo alternativo, de nombre homónimo, el australiano y su grupo de presidiarios, The Bad Seeds, sacaba Dig, Lazarus, Dig!!!, el décimo cuarto álbum del grupo.

El título hace referencia, como uno se puede imaginar, al milagro de la resurección de Lázaro. Como cualquier persona inteligente, Nick Cave siempre ha estado interesado en la religión, aunque en su caso, en ocasiones, llega hasta límites obsesivos. No en vano tuvo una profunda educación anglicana en su Australia natal.

Con el peculiar humor que le caracteriza, confiesa su interés por este pasaje de los evangelios afirmando, en clave sarcástica, que no es Houdini, sino Lázaro, el escapista más grande de la historia.

El sonido y la filosofía del disco es la que, en general, ha desarrollado Nick Cave a lo largo de su carrera. Aquí no nos encontramos con esa atmósfera primitiva y corrosiva de Grinderman, sino algo más clásico en el buen sentido de la palabra, un rock más digerible o un proto-punk sosegado, según se mire.

Dig, Lazarus, Dig!!!, el primer single del disco y el primer corte del mismo, es un tema que podría calificarse de humorístico-festivo, y no sólo por la letra (un relato de la historia de Lázaro en el Nueva York actual), sino por la representación histriónica que se marca el australiano en el videoclip. Es un ejemplo de la forma de hacer canciones de Nick Cave, un artista que prefiere la sencillez y la inmediatez a la complejidad. Sus temas entran directamente en el corazón y en la cabeza sin intermediarios. Y si ganan con cada escucha, no es porque se descubran muchas cosas nuevas, sino porque uno se da cuenta de la genialidad que se esconde dentro de esa sencillez. Ideal para recordar lo fácil que, en el fondo, es vivir.

El carácter festivo, sin desaparecer, deja paso a un tono más profesional, más pensado. Today’s Lesson es una canción más eléctrica y, en el fondo, más clásica. Parece que no hay consenso en cuanto al significado de la letra, algo bastante habitual en las canciones de Nick Cave, aunque ¿acaso importa?

Los Bad Seeds siguen bajando la intesidad con Moonland, el primer tema que parece intentar volar alto, no conformarse con las fórmulas. Es un tema sorprendente porque en él contrasta el ritmo tranquilo de la voz y de la melodía con el frenetismo de la batería. Una guitarra eléctrica distorsionada completa la frase principal. Después de escuchar esta canción, uno empieza a pensar que más adelante puede haber grandes cosas, que Nick Cave y sus Bad Seeds no han venido sólo a fardar.

Y así es. Justo a continuación, llega el que, en mi opinión, es el primer gran momento del disco, Night of the Lotus Eaters, un tema en el que los Bad Seeds hacen lo mejor que saben hacer, crear atmósferas inquietantes y sombrías con los elementos más básicos. La voz de Nick Cave se muestra eficaz y muy personal entonando un salmo contra todo lo que nos deshumaniza, desde los centros comerciales y el juego hasta la estupidez, defendiendo como alternativa una ética personal basada en la honradez y en el honor (If I had the strength I might pick up my sword / and make some attempt to resist). El título hace referencia a uno de mis libros favoritos, La Odisea, en concreto al pasaje de los lotófagos.

Albert Goes West es una canción que suena a rock underground de los ochenta. Si se la imaginan tocada por REM y cantada por Michael Stipe cuadra a la perfección. Un buen trabajo a las guitarras y muy efectivos los cambios de ritmo, aunque si algo lo distingue son esos coros retros que adornan todo el tema. Como es Nick Cave, tiene que introducir ciertos pasajes casi en speak voice, pero son sólo eso, pasajes. Dejémosle, tiene que desahogarse de alguna manera.

We Call Upon the Author es una joya de esas a medio camino entre el punk más esencial, el blues más sonoro y el rock más sucio. Una retaila de versos entonados prácticamente en speak voice, más salmos de Nick Cave, acompañados de las locas guitarras de sus compañeros y de una batería que intenta no desmadrarse demasiado para que al menos haya alguien que conserve la cordura. El estribillo es una de esas descargas furiosas y pegadizas que podría haber convertido el tema en un candidato perfecto a single. La verdad, cuando intento entender algunas letras de Nick Cave, a mí también me entran ganas de gritar lo mismo, And I call upon the author to explain!!!

Hold on to Yourself es otro momento alto del disco, un tema construído de forma progresiva a base del rasgueo rítmico de una guitarra, ambientes portuarios y una batería muy suave. Todo ello para que Nick Cave desgrane, en su voz profunda y versátil, unos versos que evocan esa antigua filosofía religiosa que recuerda que Dios sólo ayuda a los que se ayudan a sí mismos. Una canción de casi seis minutos que nunca llega a estallar (y por eso ha recibido algunas críticas) pero cuya magia reside, en mi opinión, en el poder del ritmo, de la melodía y en las sutilezas vocales.

Lie Down Here (& Be My Girl), a medio entre el rock punk y el blues moral, nos ataca de nuevo por el lado salvaje. ¿Por qué será que hay pasajes que me recuerdan a REM (a REM después de haberse tomado varias copas)?

Una hermosa canción más comedida, de esas que Nick Cave introduce en todos sus dicos para ganarse nuestros corazones, Jesus of the Moon tiene una orquestación más sofisticada y lírica. Y, en esta ocasión, aparca su irressistible tendencia a lo desmesurado y compone una letra contenida y emocionante con versos que valen su peso en oro (como Well, I kept thinking about what the weatherman said / And if the voices of the living can be heard by the dead). Uno de los momentos brillantes del álbum.

Despues de adentrarse en lo más profundo de nuestra alma, Nick Cave nos suelta ligeramente para devolvernos tranquilamente a la vida con los teclados que sirven de base a  Midnight Man. Pocoa poco el tema va retomando el pulso, las guitarras resucitan para acabar en un estribillo lleno de furia contenida en la mejor tradición del rock. Creo que esta canción puede brillar mucho tocada en directo.

Los Bad Seeds cierran el disco con More News From Nowhere, un rock suave y asequible cuyo único defecto, en mi opinión, es su excesiva duración en comparación con lo propuesto (casi ocho minutos). Se le perdona por las nuevas referencias a La Odisea.

En general, estamos ante un disco que no está construído en torno a una idea central. Tampoco posee una unidad de sonido común a todos los temas, como era el caso de Grinderman. Dig, Lazarus, Dig!!! es un compendio de canciones en el que nos encontramos recetas para cada momento del día y de la noche, canciones que no se andan por las ramas, que van directas al corazón y a la cabeza.

Web oficial de Nick Cave & The Bad Seeds

Letras de Dig, Lazarus, Dig!!!

Grinderman – Grinderman

In Música on abril 17, 2009 at 07:40
Grinderman

Grinderman

El caballero del que vamos a hablar esta semana no necesita ningún tipo de presentación. Es  una de esas pocas leyendas del rock que, además de estar por encima del bien y del mal, con los años sigue manteniendo un nivel creativo envidiable

Nos estamos refiriendo al australiano Nick Cave, al que llegué por primera vez al ver la película de Wim Wenders Der Himmel über Berlin (El cielo sobre Berlín), en la que aparecía en pleno concierto en un local de la capital alemana simbolizando, para aquel ángel convertido en mortal, una de las razones por las que vale la pena vivir con los pies en la tierra.

Su discografía es imprescindible y recomendable en todos los sentidos, pero aquí, como viene siendo habitual, vamos a recoger su último trabajo, el que publicó bajo el nombre de Grinderman, grupo formado con algunos miembros de su banda de siempre, The Bad Seeds.

El 5 de Marzo del 2007, esta agrupación publicaba su primer disco, Grinderman, grabado, al parecer, en unas pocas semanas y en absoluto estado de libertad creativa. Según sus integrantes, fue  un proyecto en el que quisieron dejarse llevar, y el resultado no puede ser más satisfactorio para todos. De la portada que vemos a la izquierda no sé si podríamos lo mismo.

El track list que ponemos a continuación corresponde a la versión del álbum que se filtró semanas antes de su publicación oficial. En esta última, hubo algunos cambios que después enumeraremos.

El disco abre con un breve sermón de Nick Cave, con más pinta de predicador tenebroso que nunca, que da paso a Get It On, un trallazo a medio camino entre el rock y el blues más primitivo, donde se van desgranando las estrofas  prácticamente en speak voice con el apoyo de una guitarra eléctrica que parece acabar de salir de una larga travesía de abstinencia por el desierto.

Utilizando como leit motiv una máquina de escribir, los Grinderman atacan con No Pussy Blues, un tema que, a pesar de ser realmente un blues, está muy cercano al punk. De nuevo Nick Cave transita por los terrenos del speak voice. Un tema mucho más desatado que el anterior y el que verdaderamente nos convence de que estamos ante algo grande.

Electric Alice / Grinderman: En esta versión promocional adelantada a la versión oficial, se unieron estos dos magníficos temas que, en mi opinión, son la cumbre del álbum. En ambos la voz de Nick Cave se aparta del speak voice de los dos anteriores y empieza a demostrar un registro y una profundidad verdaderamente líricas. En Electric Alice, además, las guitarras tienen un desarrollo en tonalidades y armonías que no existen en ningún otro momento del disco. Grinderman, por otra parte, es más pausada y me recuerda a algunos de los temas de The Doors. Impresionante.

Relajamos un poco los ánimos con Chain of Flowers, una canción que puede evocar tanto al sonido de los felices años sesenta como a las composiciones melancólicas de Tom Waits (como la demasiado famosa Jersey Girl).

Otra de las cumbres del álbum es esta maravilla, Don’t Set Me Free, un tema que va evolucionando poco a poco, con un ritmo firme y marcado por la batería, las guitarras y la destreza de la voz de Cave. Los Grinderman se permiten incluso adornar el tema con instrumentos de cuerda poco habituales y gustarse a sí mismos.

Y volvemos al speak voice de Decoration Day, un tema corto acompañado de un piano martilleante que va apareciendo y desapareciendo, una batería muy discreta y coros delilcados que mantienen la melodía contenida.

En Love Bomb, Nick Cave parece cantar con una rabia que parece estar siempre a a punto de estallar pero que no lo hace, con una batería mucho más presente y unas guitarras que liberan la tensión de la voz.

Honey Bee (Let’s Fly to Mars) es una canción frenética y eléctrica de temática biblíca (la huida de Jose y María a Egipto) muy al estilo de la música a la que nos tiene acostumbrados Nick Cave.

Man in the Moon es una de esas canciones que Nick Cave, por muy oscuro que nos haga creer que es, nunca podrá evitar componer. Un tema lento, emocional y profundamente lírico que brilla entre todos los demás de forma más que evidente. No es necesario decir nada sobre él. Basta escucharlo.

Go Tell the Women es el tema más sorprendente y, en mi opinión, original del disco. Una canción elegante, auténtica, que demuestra un depurado sentido del ritmo

Si alguna vez Nick cave se atreviera a hacer un album de pop, podemos augurarle una carrera larga y fructífera. Como demostración, Vortex, un tema que, sin ser pop, es de lo más suave, asequible y comercial que ha podido hacer y, al mismo tiempo, de una enorme belleza. Un estribillo inspirado, de los que te hacen saltar el corazón dentro del pecho.

Y para terminar con buen sabor de boca, Rise remata la línea del tema anterior en un tono más contemplativo y más lírico, con teclados e instrumentos de cuerda que lo separan, al igual que al tema anterior, de la atmósfera general del disco.

Seguramente por lo que acabamos de apuntar, Grinderman decidió prescindir en la verisón definitiva del disco de Chain of Flowers, Vortex y Rise e incluir otros dos más parecidos a la línea general de los temas centrales, Depth Charge Ethel y When My Love Comes Down.

En general, estamos ante un disco que suena a rock primitivo, a blues eléctrico y a un punk poco agresivo, un álbum apoyado en la desgarradora voz de Nick Cave y en el excelente trabajo de sus  acompañantes a las guitarras, un álbum de canciones cortas y directas, un álbum que desata nuestro lado más irracional, que puede convertirnos fácilmente en asesinos en serie o en adoradores de orgías nocturnas, según la patalogía de cada uno.

Escuchar Grinderman online

Entrevista a Grinderman

The Flaming Lips – At War with the Mystics

In Música on abril 7, 2009 at 08:39
At War with the Mystics

At War with the Mystics

Rock Alternativo es una etiqueta que, desde que empezó a utilizarse allá por los años ochenta, sólo ha traído confusiones. Bajo esta denominación se ha englobado la música de grupos tan dispares como REM o Coldplay, por poner sólo un ejemplo sencillo y verdaderamente surrealista.

Pero lo peor de este apelativo es que ha tenido el desagradable poder de echar para atrás a muchas personas que se acercaban a determinados grupos para conocerlos. Hoy en día, basta con que la música de un grupo sea considerada rock alternativo para que ese grupo pueda darse por jodido. Desde ese momento, la gente empezará a hacerse preguntas, a recelar, a imaginarse que torturan gatos para conseguir armonías más sofisticadas, que sus temas duran veinte minutos, que no hay quien los entienda, que son aburridos, que son intelectuales…

The Flaming Lips es uno de esos grupos que siempre han vivido con el sambenito del rock alternativo encima. Y, por si fuera poco, les han añadido el de rock psicodélico (que puede llegar a ser aún peor, ya que te deja con aquellos que pasan las noches de fin de semana experimentando una realidad paralela como único auditorio). No es de extrañar que mucha gente saque un collar de ajos al escuchar el nombre de esta agrupación de Oklahoma.

A ellos, sin embargo, parece que todo esto les da igual, y me parece muy bien. Con estas dos cruces al hombro (la  del rock alternativo y la del rock psicodélico), llevan haciendo música desde mediados de los años ochenta. Y a pesar de que son una banda minortaria,  poco a poco el tiempo les va poniendo en el lugar que se merecen (muy poco a poco, es verdad).

El último disco que publicaron el 3 de abril del 2006, At War with the Mystics, podría ayudarles a hacerse un hueco en nuestros reproductores con mucha facilidad, sólo con que el directivo de alguna cadena de radio importante se dignara a escucharlo. Porque a pesar de ser un título sacado de una película de ciencia ficción (y la portada refuerza la impresión) y de todo lo que ya hemos comentado, este álbum es uno de los más asequibles que han hecho nunca, canciones hermosas inspiradas en la música disco de los últimos años setenta (que es la época en que la música disco todavía era música).

Está dividido en cuatro partes con tres temas cada una, aunque sospecho que toda esta parafernalia, así como el títutlo, la portada y hasta los nombres de las canciones, son la forma que tienen los propios Flaming Lips para hacerse los difíciles.

Side 1

El disco empieza con The Yeah Yeah Yeah Song, una canción festiva y pegadiza que podría llegar a servir como sintonía de alguna serie familiar. Muchas cajas de sonidos haciendo armonías que complementan muy bien el juego de voces sobre el se basa una canción. Una manera de empezar con mucho estilo.

Empiezan a llegar los temas con títulos con expresiones cósmicas. Free Radicals es una especie de rock con ritmo a contrapunto que suena a muchas cosas distintas (incluso a Prince).

The Sound of Failure / It’s Dark… Is It Always this Dark?? es el primer punto álgido del disco. Un tema que empieza muy suave, flirteando con atmósferas etéreas y coros lejanos para crecer poco a poco y convertirse en un pieza indiscutiblemente inspirada en la música disco de los setenta. Hay momentos en los que incluso suena a los Bee Gees. Pero, ¿no estábamos en un grupo de rock alternativo? Sí, y The Flaming Lips nos lo recuerdan añadiendo a continuación It’s Dark… Is It Always this Dark??, una melodía hermosísima que utiliza teclados e instrumentos de vientos para crear un pasaje bucólico.

Side 2

My Cosmic Autumn Rebellion (más títulos espaciales) continúa el tono que dejamos en el anterior y lo moldea para crear un tema lento y de los llamados comunmente bonitos, para cerrar los ojos y extender los brazos, para creerse que uno está volando por el espacio a lomos de coros y una guitarra distorsionada.

No sé por qué, Vein of Stars es el tema del disco que más disfruto, aunque sé que no es el mejor. Creada en un piano con un ritmo ágil pero tranquilo, tiene una posproducción y unos acompañamientos elegantes y exóticos (melodías orientales, a veces un poco de rock espacial, otras un poco de música disco…). Sublime.

Y llega The Wizard Turns On… The Giant Silver Flashlight and Puts on His Werewolf Moccasins, y aquí sí, aquí sí podemos decir que los chicos se ponen alternativos, psicodélicos, incluso algo progresivos si me apuran. Como ejemplo, basta darse cuenta de que se tarda casi más tiempo en pronunciar el nombre de la canción que en escucharla. Probablemente, el tema más valiente del álbum.

Side 3

La tercera parte comienza con otro tema festivo, It Overtakes Me/The Stars Are So Big… I Am So Small… Do I Stand a Chance? Creo que está más conseguido que el primero de la primera parte (hasta se pueden dar palmadas con facilidad). La sorpresa está cuando It Overtakes Me deja paso, hacia la mitad, a The Stars Are So Big… I Am So Small… Do I Stand a Chance?, el momento más diferente de todo el disco con mucha diferencia, un pasaje que casi llega a recordar a Sigur Ros por la sensibilidad infinita de las voces y de la evolución de la línea melódica. Excelente.

Si existe una canción que pueda ser considerada rompedora en el sentido de captar con facilidad la atención de los oyentes, un tema que pueda llegar a ser conocido, es sin duda Mr. Ambulance Driver. Desde luego, es la canción qué más se ha escuchado. El comienzo recuerda a las películas policíacas norteamericanas de los años ochenta. Es, básicamente, otro tema a piano con una melodía de las que suelen llamarse felices. Una preciosidad. Como la clave de sol.

Terminamos esta tercera parte con Haven’t Got a Clue, otro tema festivo cruzado con un poco de atmósferas espaciales y música disco de los setenta. Probablemente, el que menos que me convence de esta gran obra.

Side 4

The W.A.N.D. (The Will Always Negates Defeat) es el otro tema que sonado entre el público en general (fue utilizado en alguinos anuncios publicitarios). Una canción animada y luminosa con una guitarra poderosa poniendo las bases y las voces haciendo el resto. Interesante.

Pompeii am Götterdämmerung es otra rara avis que no se sabe muy bien donde enfocarla. Lo mejor que puede decirse es que es una de esas canciones compuestas de forma que suenen a epopeya, a gran composición, a los cielos abriéndose y dejando pasar a miríadas de ángeles. No está mal, pero hay momentos en que  me recuerda a Abba, y eso me preocupa.

Y para terminar, Goin’ On, otro tema que empieza a piano solo y que recuerda de nuevo a la música disco de los años setenta. Uno puede llegar a imaginarse perfectamente a los Bee Gees cantando esta canción. Una manera perfecta de terminar, con un título que es una declaración de principios, seguir adelante.

Creo que lo mejor que se puede hacer con At War with the Mystics es recomendarlo, animar a todo el mundo a saltarse las barreras del miedo, los recelos que nos provocan las etiquetas y superar nuestros propios prejuicios. La recompensa vale la pena.

En la web oficial del grupo, pueden leer un resumen muy interesante de cada canción escrito por ellos mismos , donde se comenta el significado de cada tema, por qué los hicieron así y no de otra manera… Una herramienta más para disfrutar de esta maravillosa guerra contra los místicos.