Clave de Sol

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Elle Belga – 1971

In Música on mayo 22, 2009 at 17:01
Elle Belga - 1971

Elle Belga - 1971

La mitificación que desde hace ya algún tiempo viene haciéndose de la década de los ochenta en España, calificándola como la edad de oro del pop español, siempre me ha parecido un intento desesperado de dotarnos a la fuerza de un movimiento cultural que sea homologable en Europa y nos convenza de que la libertad democrática resultó en pocos años en una explosión de creatividad.

En mi opinión, nada más lejos de la realidad. La música pop-rock de los ochenta en España, salvo honrosas y destacables excepciones, no sólo me resulta poco brillante, sino una imitación de lo que se estaba haciendo en otras partes. La mayoría de los grupos que tanta admiración despiertan hoy no fueron, en mi opinión, más que bandas cuya única virtud fue llenar un vacío histórico. Su originalidad brilló por su ausencia, y ni siquiera la imitación de las corrientes extranjeras se hizo con inteligencia o profundidad, sino artificialmente y sin inspiración ninguna. La pésima calidad musical de los ochenta en España es la mejor demostración de que todavía había que esperar, que las cosas no estaban maduras.

Han pasado los años y el panorama ha cambiado. Ha habido un cambio generacional (por mucho que intente maquillarlo el revival ochentero con las giras nostálgicas de Los Secretos, Nacha Pop, Tequila, etc…), una generación que ha tenido acceso a una educación más amplia y libre. Aunque nos falta todavía la prueba del tiempo, que permite juzgar mejor las cosas y tener más información, a día de hoy afirmaría que, al menos en España, nunca se ha hecho mejor música, y más variada, que en la actualidad.

Ya hemos hablado en Pezones de Venus de algunas de las joyas que dio el 2008, como el disco de Lucas 15 (proyecto de Nacho Vegas y Xel Pereda) o Un día en el mundo, el debut de Vetusta Morla, un grupo que se ha llevado todos los premios habidos y por haber. Aunque este cambio ya venía gestándose desde hace años, creo que el 2008 podría pasar a la historia como el año que marcó un antes y un después, el año en que el camino de regreso quedó cortado definitivamente. Los premios a Vetusta Morla constituyen, en este sentido, todo un símbolo.

Hoy vamos a hablar de otra piedra en el camino de la excelencia, de otro grupo que abre el abanico de posibilidades, sube el listón de la calidad e impulsa esta resurección hacia delante. Se trata de Elle Belga, la formación creada por Jose Luis Gacía (ex miembro de Manta Ray, el mejor grupo de rock en mi opinión que ha salido de Asturias desde que el mundo es mundo) y su compañera Fany Álvarez.

Tras la disolución de Manta Ray a principios del 2008, Elle Belga empezaba a calentar motores. El 23 de Marzo de este mismo año salía a la luz su primer disco, 1971 (llamado así, al parecer, por ser el año de nacimiento de sus dos integrantes). Lo primero que hay que decir es que, aunque mantenga influencias lejanas de Manta Ray, es un álbúm completamente distinto.  Su punto de partida es la música tradicional, no sólo asturiana sino española en general (podríamos afinar más diciendo que es la música tradicional castellana). En este sentido, es evidente la sintonía con el disco de Lucas 15. Pero no  se puede hablar de influencia ni de deudas musicales. Se trata más bien de una confluencia, de una tendencia  común.

Pero no estamos ante un disco que intente resucitar música antigua. 1971 toma esa rica herencia del pasado y la transforma a los tiempos actuales añadiendo ritmos y estilos propios de nuestra época. Si Mudarra y Narváez estuvieran vivos, esta es la música que harían.

El disco abre con Cada día, un tema con una fuerte influencia de la música tradicional, con una guitarra que suena renacentista a más no poder y un ritmo bello de mazurka sobre el que se apoya la delicada voz de Fany Álvarez en primer plano y la de Jose Luis García en segundo plano. Una suave trompeta adorna el pasaje instrumental y convierte el conjunto en una apuesta que tiende puentes entre el pasado y el presente, un presente en el que ya no tiene cabida el conformismo.

Todas las cosas se ha vendido como el gran single del disco. No hay duda de que tiene un ritmo cercano al pop que entra con facilidad. En este caso el juego de voces enter los dos vocalista está más equilibrado, teniendo Jose Luis García más peso que ella. La orquestación es muy cercana al tema anterior.

La nana de la Mora es, como su propio nombre indica, una canción de cuna cantada con una enorme sensibilidad por Fany Álvarez, acompañada por una guitarra que se adapta a la voz de ella y unos coros que terminan cada frase de una forma muy elegante y hermosa. El tema vuelve a sonar a renacentista a pesar de la batería integrada en la parte final, que, sin embargo, sirve para que el tema no se estanque.

Iluminada es un tema instrumental tranquilo a dos guitarras, una en los tonos altos y la otra en los bajos. Un buen intermedio acorde con el tono general.

Dulce niña es otro gran tema con las dos voces en equilibrio y un ritmo progresivo, muy marcado por una batería que sale un poco del ostracismo y una guitarra que sigue instalada en el trémolo y en las escalas altas. Otro posible single que, aunque tenga la fuerza de Todas las cosas, es más sútil.

La Reina es otro tema tradicional que podría haber sido interpretado a capella perfectamente. De hecho, salvo la introducción y los silencios entre las frases, es prácticamente vocal. Los juegos de voces llegan al paroxismo. Existe un curioso pasaje en medio de la canción que, además de enriquecer la melodía, parece querer demostrar la versatilidad de Elle Belga y las enormes posibilidades que pueden tener todos los temas del álbum tocados en directo.

Si existe un corte que pueda considerarse cercano al legado de Manta Ray, un tema por el que los seguidores más incondicionales del legendario grupo de rock puedan absolver la herejía que ha cometido Jose Luis García al hacer un disco como 1971, ése es Escóndete. En mi opinión, es la otra cara de Todas las cosas. Es la canción con más fuerza de todo el álbum con mucha diferencia, una demostración de cómo se puede componer una canción llena de energía contenida que sólo explota en el corazón del oyente, una canción que va creciendo más y más, que se va llenando de sonido pero que nunca llega al clímax.

Después de esta carga cercana al rock conceptual, El tiempo relaja de nuevo los ánimos con otro tema que, esencialmente, es a capella por muchos instrumentos que quieran meterle, un tema muy parecido a La reina y que le debe mucho a la música tradicional castellana del siglo XV y XVI.

Mi conciencia es quizá el tema más experimental de todo el álbum, el tema más complejo, con más cambios de ritmos y más intencions distintas. Sin embargo, en mi opinión, no logra concretar ninguna, se dispersa demasiado.

El última tema de 1971, Yo podría dar mi voz, casi podría decirse que tiene un tono de canción de autor, de esa canción de autor de tradición latinoamericana, aunque, por supuesto, con mucha más elegancia y sutileza. Aunque es una delicia, no acaba de convencerme del todo. Posiblemente es la canción más superficial del disco.

En general, podría decirse que, con este disco, Elle Belga ha querido demostrar diez formas distintas de ser sutil, elegante y dulce. Los amantes de las guitarras desaforadas suelen salir huyendo en cuanto escuchan un tema tranquilo. Cualquier ritmo que sea más lento que un allegro les parece igual a todos los demás. Elle Belga, desde su Asturias natal, un lugar que cada vez nos da más satisfacciones, demuestra lo contrario con 1971, además de poner punto y final a la mediocridad y poner cara a un adjetivo que, hasta ahora, abundaba poco en nuestro país: elegancia.

Algunas de las canciones de este disco pueden escucharse en el sitio de MySpace del grupo.

The Walkmen – You & Me

In Música on mayo 18, 2009 at 13:26
The Walkmen - You&Me

The Walkmen - You&Me

Con esta curiosa y elegante cubierta, que muestra a dos mujeres vestidas con el recato que era habitual en tiempos pasados, los neoyorquinos The Walkmen presentaban en agosto del 2008 You & Me, su quinto álbum en apenas seis años.

Cuando los escuché por primera vez, sentí como si hubiera descubierto la cuadratura del círculo. Al fin encontraba un grupo indie que, además de aporrear guitarras y armar un ruido de escándalo, sabía tocar de verdad.

Al principio, el sonido de The Walkmen puede echar para atrás. Sus canciones están apoyadas en guitarras muy distorsionadas, acompañamientos que rozan lo barroco y una voz muy lejos de lo lírico.  Pero, como siempre, recomendamos paciencia.

El disco se abre en un tono épico que recuerda a los grandes grupos de los años setenta. Dónde Está la Playa parece sacada de algún álbum antiguo, suena a clásico nada más escucharla. La combinación de los bajos profundos de la batería y el arpegio de la guitarra crean un ambiente brumoso y progresivo que casi nos hace pensar en la legendaria Nights in White Satin. A lo largo de cuatro minutos asistimos a la repetición del mismo esquema, pero adornada con instrumentaciones y detalles propios de una banda que sabe lo que hace. En cierto modo, todo hay que decirlo, es una especie de engaño, ya que el resto del disco, salvo la maravillosa On the Water, no va por estos derroteros. Pocos discos tienen un comienzo tan poderoso.

Un corto interludio de guitarra, Flamingos (for Colbert), que no sé muy bien a qué atiende, sirve para dar paso al segundo gran tema de You & Me, On the Water, que sigue la estela del primer corte, pero con un ritmo más sosegado que lo convierte casi en una Sodade anglosajona. El ritmo está marcado de forma insistente por una batería que, junto con la guitarra, crea un movimiento de flujo y reflujo precioso, acercándose y alejándose.

Y hasta aquí llega el tono épico del disco. In the New Year, segundo single extraído del álbum, nos introduce en el tono indie que todos esperábamos del grupo. En este caso, el tema está construído con el viejo recurso de empezar en alto, en la subdominante, y pasarse el resto de la canción buscando la relajación de la dominante, que explota con toda la parafernalia. Transmite alegría exuberante. Ideal para celebrar grandes ocasiones.

Seven Years of Holidays sigue la misma estela que la anterior en estructura y tono. En esta ocasión, sin embargo, The Walkmen parece haberle dado rienda suelta al batería para que haga realidad sus sueños más profusos. El tema está cruzado por un constante estallido de platillos casi manierista, ya que no está justificado por el resto del tema. El resultado es una combinación muy curiosa, un experimento que, si no exitoso, al menos es innovador.

Postcards from Tiny Islands es, en mi opinión, el tema más arriesgado del disco. De principio a fin, asistimos a una sucesión constante de ritmos, desde el inicial (sosegado y marcado por los bajos profundos de la batería y el arpegio de la guitrra) hasta el festivo, casi eslavo, que le sucede.  Sorprendente e inesperado.

Red Moon es un tema lento con toques folk en el que The Walkmen introducen instrumentos de viento y panderetas, además de controlar algo más el acompañamiento para conseguir un todo armónico.

Este parón de adrenalina sirve de forma eficaz para preparar los oídos a Canadian Girl, el tercer gran tema del disco. A medio camino entre la canción de cuna y la melodía de una caja de música, la guitarra distorsionada que acompaña todo el tema, con sus altos casi disonantes, y la entonación del vocalista, cercana a los clásicos de los años sesenta, convierten la canción en una auténtica delicia, acompasada y sutil.

Después de estos dos temas, a The Walkmen se les escapa de nuevo el de la batería y les sale de nuevo la vena indie con Four Provinces. Otro tema más inspirado en la filosofía de In the New Year.

Long Time Ahead of Us nos devuelve a Red Moon, a un tono tranquilo y, esta vez, abiertamente folk (no quedaría nada mal esta canción tocada por los Fleet Foxes). Mucho más hermosa que Red Moon, más inspirada y más pensada.

The Blue Route es el single que todo grupo indie necesita para presentar un disco. Sirvió para la presentación en sociedad de You & Me y, como mínimo, podemos decir que su eficacia es indiscutible. Apartándose de la estructura de In the New Year, construye un andamio clásico, de menos a más, con un estribillo pegadizo de los que se pueden gritar en cualquier parte.

Como decimos a veces, New Country es una canción que pasaba por allí. Cercana en sus pretensiones a Long Time Ahead of Us, no consigue, sin embargo, definirse y queda a medio camino de todo y nada. En mi opinión, totalmente prescindible.

I Lost You es otra de las sorpresas del disco y uno de los mejores ejemplos de las virtudes y los defectos de los grupos indie. Por primera y única vez en todo el disco, The Walkmen se ponen líricos de verdad y componen un tema apoyado primordialmente en una melodía inspirada, bien compuesta y que gana en profundida a medida que va avanzando. Lo único que le impide ser un tema sobresaliente es esa verguenza o timidez que tienen tosos los grupos indies a mostrarse emocionales, a cambiar sus acompañamientos, dejarse de guitarreos, y darle al tema lo que necesita. Por lo general, creo que no lo hacen porque no son capaces. En este caso, creo que a The Walkmen les sobra capacidad para ello, aunque tal vez no la valentía suficiente.

If Only It Were True cierra el disco de una forma un tanto gris. No aporta nada al conjunto y puede generar una sensación de saturación.

En resumen, podría decir que You & Me es el mejor disco de The Walkmen hasta la fecha. El tono predominante es el acostumbrado para un grupo indie, y saben hacerlo muy bien. Sin embargo, y aquí es donde aparece el signo distintivo, en al menos cuatro temas apuntan caminos interesantes (Donde esta la playa, On the Water, Canadian Girl y I Lost You) que pueden sacarlos de ese marasmo caótico que se ha convenido en llamar indie y convertirlos en un grupo de primera división, un grupo de gustos horizontales y abierto a todas las formas musicales. Es un caso parecido al de The National. Sólo el tiempo nos sacará de dudas.

Marillion – Happiness is the Road – II: The Hard Shoulder

In Música on mayo 6, 2009 at 16:54
Happiness is the Road - The Hard Shoulder

Happiness is the Road - The Hard Shoulder

Después de haber disfrutado la semana pasada de Essence, la primera parte de Happiness is the Road, el último disco publicado por el grupo de rock neo-progresivo Marillion, esta semana vamos a abordar la segunda parte de este doble álbum, The Hard Shoulder, término que se utiliza en los países anglosajones para referirse a lo que aquí llamamos arcén.

El significado de este subtítulo es, en principio, bastante inmediato. Si la primera parte, como ya dijimos, dibujaba un viaje conceptual a través de diferentes estados emocionales y existenciales, un viaje en el que se transitaba por esa autopista de varios carriles que no lleva, en realidad, a ningún sitio, sino que contiene en sí misma la felicidad, esta segunda parte nos presenta el carril de ayuda, el lugar en el que echarse a descansar o por el que adelantar cuando hay demasiado tráfico en la vida.

Este segundo álbum es completamente diferente al primero. No existe la unidad conceptual de aquel. Está compuesto por nueve temas que, en principio, no guardan relación temática los unos con los otros.

Musicalmente, sin apartarse demasiado del sonido de la primera parte, nos encontramos a Marillion algo más cercanos al rock y algo más progresivos. No se trata de un disco de descartes, sino uno donde caben temas sencillos cercanos a la línea de Essence, temas complejos en la tradición progresiva y verdaderos singles.

La diferencia entre las dos partes queda clara desde el principio. Thunder Fly procede de la tradición del rock de los setenta y se aparta por completo de todos los cortes de Essence. Y no sólo musicalmente. Las reflexiones trascendentales han dejado paso a una evocación casi hedonista sobre una especie de insecto (“corn fly”) que se enreda y revolotea alrededor (un tema que ya muy transitado, como en el poema Las moscas, de Machado).

Con The Man from the Planet Marzipan entramos de lleno en el terreno del mejor rock progresivo clásico. Un tema muy barroco de casi ocho minutos en el que Marillion ha construído un universo sonoro lleno de ambientes que van evolucionado y ganando matices. La letra se evade al fin del mundo real para invitarnos a hablar con un habitante del planeta Marzipan. Un momento genial del disco.

Y llegamos a Asylum Satellite #1, el mejor tema, en mi opinión, de este segundo álbum.La filosofía es parecida a la del tema anterior, pero más eficaz y emocionante. En ocasiones, The Man from the Planet Marzipan puede llegar a parecer un ejercicio de estilo. Asylum Satellite #1, por el contrario, concentra una hermosa instrumentación con el objetivo de emocionar. Durante sus nueve minutos y medio transitamos por un futuro en el que la humanidad ha tenido que refugiarse en un satélite en órbita alrededor de La Tierra para poder sobrevivir a algún tipo de catástrofe galáctica no especificada. El tema parece querer evocar cada pasaje de la historia, desde la fase inicial (que dura algo más de un minuto y medio y evoluciona desde el soniquete de principio hasta la introducción sofisticada que da paso a Hogarth) , pasando por la parte central, que se repite varias veces (y que construye una coda espacial maravillosa), hasta un magnífico solo de guitarra, enlazado con una atmósfera sosegada (como si el sistema solar si hubiera extinguido y no quedara nada). Un tema grandioso.

Older Than Me cambia de tercio con una especie de balada melancólica que me hubiera gustado escuchar a piano solo. Una oportunidad para respirar después de casi veinte minutos viajando por el espacio.

El comienzo de Throw Me Out me recuerda de forma inmediata a The House of the Rising Sun, pero pasada por un órgano perezoso. Para ser sinceros, es lo único que me llama la atención de todo el tema.

En Half the World, Marillion parece componer un tema para esos extraños, infrecuentes y surrealistas momentos en los que una relación se rompe de forma amistosa y sólo nos quedan buenos deseos para la otra persona. Al igual que el anterior, este me parece otro tema menor dentro de esta segunda parte.

De ser ejecutivo de marketing y haber tenido la posibilidad de elegir un tema para presentarlo como single de este maravilloso Happiness is the Road, habría escogido Whatever Is Wrong with You sin dudarlo. Eso es lo que hizo Marillion. Escondido al final de esta segunda parte, es un tema de esos que levantan a los muertos. Whatever is wrong with you, Is so right for me!

Después de esta traca apoteósica, Marillion debería haber cambiado de tercio inmediatamente, ya que cualquier comparación puede ser odiosa. Ésa es la tragedia de  Especially True, el de ser una canción aceptable, con un estribillo pegadizo e inspirado, que queda eclipsada por el single indiscutible de Happiness is the Road.

Para terminar este tour de force, Real Tears for Sale, un tema cercano a los sonidos de los ochenta, en concreto al rock norteamericano. En la segunda parte improvisan un pasaje más tranquilo para terminar en una orgía instrumental y vocal que se va disipando de nuevo.

Como hemos visto durante estas dos entregas, Happiness is the Road es un disco con doble personalidad, un disco con dos partes claramente diferenciadas, la primera más conceptual y asequible, la segunda más dispersa, variada y compleja. No va a cambiar el panorama de rock progersivo ni del pop. Tampoco creo que sea la obra cumbre de Marillion (como se ha dicho). Más bien es una piedra más en una trayectoria envidiable, una piedra que nos hace soñar con futuras maravillas.

Si después de tantos minutos de música no se nos ha quedado nada en la cabeza, no pasa nada. Al menos, sí hemos aprendido lo importante:

HAPPINESS IS THE ROAD.