Clave de Sol

Leonard Cohen – Live in London

In Música on junio 10, 2009 at 23:19
Leonard Cohen - Live in London

Leonard Cohen - Live in London

Esta semana vamos a hacer una excepción en Pezones de Venus dedicándole una reseña de honor a uno de mis creadores de cabecera. Ya sabemos todos que, a medida que uno va creciendo, se va quedando sin ídolos. A mí ya sólo me queda la clave de sol pero, de tenerlos todavía, él sería uno de ellos.

En segundo lugar, es una excepción porque vamos a hablar de la grabación de un concierto. En el caso que nos ocupa, eso quiere decir que se trata de una recopilación de grandes éxitos seleccionados para la ocasión. Es un dilema con mi conciencia, ya que, de entre toda la podredumbre que existe en el mundo discográfico (como en todos los mundos), los discos recopilatorios se llevan la palma. Puede que funcionen para ese tipo de grupos cuyos discos son simplemente una excusa para publicar singles pero, para el resto, son un forma directa y sencilla de rebajar la obra de un artista, mezclando temas que no tienen nada que ver los unos con los otros y que dejan al oyente en un profundo estado  de confusión. En ocasiones, se argumenta que son un medio adecuado para hacer llegar la música de un artista a audiencias que no conocen su existencia, pero no deja de ser una falacia. La mejor manera de acercarse a un autor es darle la mano, acompañándole a lo largo de su trayectoria, empapándose de sus sonidos, de su evolución y de sus ideas. Un recopilatorio es precisamente la antítesis.

Sin embargo, en el caso de Leonard Cohen, puede hacerse una excepción, aunque con muchos reparos. El canadiense es uno de esos contados artistas que ha evolucionado con el tiempo, hasta el punto de que, la que ya hoy se considera como la etapa de oro de su discografía, le llegó cuando ya había caminado un largo trecho musical y a la edad de cincuenta años. Estamos hablando del disco de 1984 Various Positions. En él, Cohen se presentó con una voz completamente distinta, una voz que, desde entonces, sería su marca de fábrica, una voz profunda, grave, casi de bajo, y perfectamente modulada. Musicalmente, sus temas empezaron a estar mucho mejor equilibrados, cambió la guitarra desnuda por los sonidos electrónicos y las orquestaciones se convirtieron en máquinas de relojería donde ninguna pieza podía variar su posición.

Pero Cohen ya había compuesto inolvidables canciones que, todavía hoy, siguen formando una parte importante del núcleo duro de su excelencia creativa. Estos temas, interpretados con su nueva voz, alcanzaron la perfección, convirtiendo las anteriores versiones en ejercicios de arqueología. Sin embargo, sólo pueden ser disfrutados en los discos grabados en conciertos, ya que Cohen (al menos que yo sepa) no ha entrado nunca en un estudio para grabarlos de nuevo.

Por todas estas razones, y porque, en mi opinión, Leonard Cohen ha llevado a la canción de autor anglosajona a su cota más alta (y con él es muy problemático usar el término canción de autor tal y como suele emplearse), los discos de sus conciertos son algo más que recopilatorios y grabaciones en directo.

Leonard Cohen, dentro de una extensa gira, ofrecía el 17 de Junio del 2008 un concierto en Londres que fue grabado para después ser publicado en un doble álbum en el 2009 bajo el título Live in London. El disco contiene muchos de sus grandes temas, desde los más antiguos a los recogidos en su penúltimo álbum, Ten New Songs. Es de destacar la completa ausencia de canciones del último disco, Dear Heather.

Lo primero que hay que decir es que, como no podía ser de otro mundo, los setenta y cinco empiezan a pesarle. Su voz está ya muy desgastada, y su capacidad para interpretar los temas en el ritmo de siempre cada vez está más mermada. En algunos de ellos, como The Future, se nota como canta a contrapunto, forzando las frases, aunque es de alabar su coraje al mantener el ritmo original y hacer él el esfuerzo de adaptarse.

En segundo lugar, sigue tratándose del mismo Cohen de siempre. Como ya hemos dicho antes, el canadiense nunca ha sido amigo de las improvisaciones. Sus letras y su música son el fruto de un largo trabajo (el tiempo entre discos es de varios años) y, una vez terminados, no vuelven a cambiar. Las orquestaciones, las pausas, los detalles, ninguno de ellos varía. Lo único que se permite es abrir los solos a instrumentos nuevos. Este disco no es una excepción. Sus coristas, aunque distintas a sus dos compañeras de las dos últimas décadas, no se mueven de las pautas que ya conocemos.

En tercer lugar, y a modo de anécdota, si uno tiene la oportunidad de ver el concierto en la televisión, puede observar que su actitud hacia el público ha cambiado completamente. Del Cohen adusto, sombrío y más parado que una piedra, hemos pasado a un Cohen que, sin llegar a ser Mick Jagger, sonríe, juega con el público, se arrodilla, gesticula en las canciones e incluso parece pasárselo bien. Probablemente sea sólo de cara a la galería, pero, como soy un fan incondicional suyo, prefiero pensar que la vejez le está sentando muy bien.

Por lo demás, el álbum es una mezcla aparentemente caótica. Que se inicie con la maravillosa Dance Me to the End of Love (un clásico con el que casi siempre empieza) y se pase a continuación a la increíble The Future (I’ve seen the future, brother, it is muder) no sólo es musicalmente una locura, sino filosóficamente surrealista. Pero lo peor es que después se marca una canción sobre el amor, Ain’t No Cure For Love, que termina de rematar el despropósito. Casi da pie a pensar que alguien con un sentido del humor tremendamente pecuilar y sarcástico le ha diseñado la lista de temas. Afortunadamente, después de algunos tumbos en la misma línea, el primer disco termina con Tower of Song, una obra maestra rítmica y melódica, y Suzanne, que es siempre, como todo lo demás, de la clave de sol, pero de la que no vamos a decir nada porque, si lo hiciéramos, podríamos afirmar que es una de las canciones de amor más sublimes de la historia porque, curiosamente, no es una canción de amor exactamente.

El segundo disco se abre con Boogie Street, del disco Ten New Songs. Por primera vez, el paso a Hallelujah (tan comercial y facilona que incluso han llegado a versionarla en Operación Triunfo) es coherente (dos temas a los que podríamos calificar de animados), para seguir con Democracy (ligeramente modificada para que suene cercana al country), la sensual I’m your man (interpretada muy despacio), Take This Waltz (sólo por esta canción podría sentarse a la izquierda del padre), Sisters of Mercy (otro tema talisman que ganó todo con su cambio de voz) o If It be your Will (que te hace tener ganas de ponerte de rodillas y dar gracias a quien haya que darlas por la existencia de la música). A partir de aquí, todos son viejos éxitos, a excepción de Closing Time, del disco The Future (para algunos su mejor disco, del que se han utilizado, además, Anthem, The Future y Democracy).

Como punto especialmente negativo, pondría el que no se haya incluído ningún tema de Dear Heather. No tenemos ninguna versión en directo, y hay temas que merecen ser reivindicados como auténticas joyas, como Go No More A-Roving o, sobre todo, Villanelle for Our Time, aunque tal vez esta es muy dura para cantarla en directo.

En general, creo que Live in London es un disco para aquellos que ya conocen a Leonard Cohen. Es un disco que, musicalmente, no aporta nada nuevo. Da la oportunidad de escucharle en concierto, cerciorarse de que todavía sigue vivo, y poco más. Aquellos que no conozcan a este gigante del arte, deberían olvidarse de este álbum y empezar por el principio (o, al menos, por Various Positions). Y, en caso de querer escuchar un buen concierto en directo de Cohen, intenten conseguir (en youtube hay buenos extractos) el que ofreció en San Sebastián después de sacar I’m your Man. Ahí estaba Cohen en su mejor momento, ese momento en el que ni siquiera le hacía falta moverse para tener al público entregado. Y, sobre todo, en silencio. La mejor demostración de la grandeza de este artista irrepetible la observamos al darnos cuenta de que, en sus conciertos, nadie corea las canciones. A sus conciertos se va a escuchar.

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