Clave de Sol

The Mars Volta – Octahedron

In Música on junio 27, 2009 at 22:41
The Mars Volta - Octahedron

The Mars Volta - Octahedron

Esta semana vamos a tener, por fin, la oportunidad de hablar de uno de los mejores grupos de rock de la actualidad, un grupo que está construyendo su historia de forma  discreta, sin concesiones comerciales y con un genio inabarcable.

Nos referimos a The Mars Volta, el grupo norteamericano formado en el año 2001 por Omar Rodríguez (el sucesor natural de los grandes guitarristas de los setenta) y Cedrix Bixler-Zavala.

Su música ha sido definida como rock progresivo, y nosotros, que somos devotos de este género, no vamos a llevar la contraria. Sin embargo, en el caso de The Mars Volta, el tópico es más real que nunca: esa etiqueta es una forma de intentar atrapar un estilo inconfundible y un intento de resucitar el verdadero rock, tal y como se le entendía a finales de los sesenta y principios de los setenta, pero enfocándolo de una forma nueva.

Hace apenas unos días, el 22 de junio, se publicaba oficialmente su quinto álbum de estudio, Octahedron. Según sus propios integrantes, el objetivo era hacer su primer disco acústico, aunque, cuando uno lo escucha por primera vez, llega a la conclusión de que le han tomado el pelo a lo grande.

Podríamos describrir el estilo de este grupo y no terminaríamos nunca, pero lo mejor es recorrer los ocho temas del disco y disfrutar en el viaje como niños, que es de lo que, al final, se trara siempre.

Existen muchas formas de abrir un disco, y The Mars Volta elige una de las que más me gustan, romper el silencio inicial poco a poco, con una nota aguda que asciende en volumen durante más de un minuto, progresivamente, hasta desembocar en Since We’ve Been Wrong, primer single en EEUU. Es como tender un puente entre la realidad, llena de ruido caótico, y el disco, en el que el ruido en convierte en música. Y qué mejor manera de abrir la puerta que un arpegio de guitarra. La voz de Cedrix desgrana versos apoyándose en todas y cada una de las vocales, diviendo la introducción en bloques separados por silencios que parecen poder conducir a cualquier parte. Y lo hacen. De repente, una hermosa voz doblada rompe en un estribillo maravilloso que asciende una primera vez quedándose a medias y que desemboca, la segunda, en una explosión romántica en la que la batería te llega al corazón, la voz juega a contrapunto con los coros y las guitarras se liberan para improvisar de fondo. The Mars Volta demuestra que este álbum va a ser diferente, que son capaces de hacer cualquier cosa y hacerla bien, que, si quieren, pueden ser más clásicos que nadie.

En mi opinión, existen dos temas que brillan por su excelencia sobre el altísimo nivel general del álbum. Uno de ellos es la segunda cara del octaedro, Teflon. En él, se cruzan y entrecruzan a la perfección los tres elementos esenciales sobre los que están construídos todos los temas de The Mars Volta, la voz versátil y casi en falsete de Cedrix, la guitarra estratosférica de Omar y un batería que siempre es algo más que un mero acompañamiento. Teflon, un tiempo medio, evoluciona con elegancia sobre las distorsiones y los juegos sonoros de las guitarras, verdaderos ejercicios de estilo que muestran infinitas variaciones y detalles. Los solos vocales, que suben y bajan de escala, están perfectamente engarzados con los coros. Una verdadera maravilla.

En Halo of Nembutals, The Mars Volta utiliza, en la introducción, sonidos industriales y distorsiones de cuerdas para crear sensación de profundidad y un clima oscuro. La voz de Cedrix refuerza la atmósfera inquietante. Entonces, un break de batería y el despertar de la guitarra cambian el tono sirviendo de apoyo a una frase repetitiva. La introducción inicial vuelve a repetirse, pero esta vez en clave acústica, más plana, más inmediata. A partir de ahí, la estructura se repite una y otra vez de forma más furiosa, más desesperada, como si uno estuviera sumergiéndose en un abismo y cayera cada vez a más velocidad. Los últimos compases son realmente desatados. Un tema poderoso que, en mi opinión, no logra encontrar el equilibrio ni liberarse completamente. Un tema que se queda a medias.

El segundo momento cumbre del disco, en mi opinión, es With Twilight as My Guide, que también es el momento de la clave de sol. En cierto modo, es la otra cara de Teflon. La batería ha desaparecido completamente, y las guitarras crean una atmósfera crepuscular a base de escalas descendentes, sonidos amortiguados y juegos entrecruzados. La voz de Cedrix realiza el mejor trabajo de todo el álbum y consigue, probablemente, el lirismo más
emocional de toda la carrera del grupo. Un grupo que es capaz de hacer dos temas tan distintos y alcanzar en cada uno de ellos la perfección, es capaz ya de hacer cualquier cosa. Una canción para escuchar después de hacer el amor y sentir la vida pasar mientras la persona a la que amas te abraza.

Cotopaxi es el verdadero subidón de adrenalia del disco, un tema que recuerda más que ninguno el tono de los anteriores álbumes de The Mars Volta y que ha servido de primer single en Europa. Si dura apenas tres minutos, entiendo que es debido a que el grupo no ha querido cargar mucho las tintas para no perder el espíritu sosegado y acústico que prentedían en Octahedron. En cualquier caso, tampoco me parece una de sus mejores
composiciones, sirviendo, en mi opinión, más como reclamo que otra cosa.

Desperate Graves empieza con una introducción que, prentendidamente o no, suena a los pasajes bucólicos que creaba Genesis en la era de Peter Gabriel, por ejemplo en The Musical Box. Treinta segundos de tranquilidad que dan paso al tema real. El primer pasaje tiene una curiosa estructura ya que, a pesar de que la batería marca un ritmo frenético de cabalcade, la voz va detrás, saltándose compases, creando la una extraña impresión de contrapunto que puede resultar incómoda al principio, mientras las guitarras decoran en segundo plano cada frase con bellos acompañamientos distorsionados. Unos coros con la voz doblada dan a paso a la preparación del estribillo, elevando el tono y dejando las frases en alto. En ese momento, toda la fuerza contenida estalla en una profusión en la que la voz, las guitarras y la batería se unen. La estructura se repite una segunda vez, y la batería va perdiendo protagonismo sutilmente en favor de las guitarras. Es entonces, al final de la segunda repetición, cuando llega el climax. La tonalidad en la que ha transcurrido el tema desemboca en la mayor y el lirismo se hace dueño de la situación. El trabajo vocal se hace menos furioso y todo empieza a caer por su propio peso a fuerza de repitición para terminar en la misma introducción bucólica del principio. Una tema muy equilibrado, que evoluciona casi sin que nos demos cuenta y que gana con cada escucha.

A estas alturas, poco se le puede objetar ya al disco. A Copernicus se llega entregado, abierto de par en par. The Mars Volta regala el único tiempo verdaderamente lento del octaedro. Copernicus es, sobre todo, la voz de Cedrix, una voz llena de sutileza y que, en el estribillo, recuerda a la musica de finales de los setenta.

Para terminar, The Mars Volta apuesta por lo que, en el fondo, es un rock clásico, Luciforms. Detrás de este bellísimo título, se esconde un tema que podría haber convivido perfectamente con los clásicos de Led Zeppelin, The Doors o Jimmy Hendrix. Un tema en el que el protagonista, a pesar del juego que da la voz desgarrada de Cedrix, es la guitarra de Omar, una guitarra que nada tiene que envidiarle a los clásicos anteriormente citados y que gana cada día que pasa. Luciforms es rock épico, es un rock interpretado desde la sabiduría pero también desde la rabia, una rabia contenida que se aprecia mejor en la guitarra y en la batería queen la voz.

En resumen, podríamos decir que el octaedro construído por The Mars Volta no es simétrico. Algunas caras tienen más superficie que otras, destacando, en mi opinión, la dimensión melódica. Personalmente, creo que a eso se refería el grupo al afirmar que iban a hacer un disco acústico. Al igual que los actores cómicos, para los que la tragedia es siempre el santo grial que les convierte en grandes, el lirismo es la prueba de fuego de los grupos de rock. Con Octahedron, The Mars Volta pasa la prueba con nota.

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