Clave de Sol

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The Dear Hunter – Act III: Life and Death

In Música on julio 16, 2009 at 08:55
The Dear Hunter - Act III: Life and Death

The Dear Hunter - Act III: Life and Death

Hacía tiempo que no esperaba con tanta ilusión un disco. Tendría que retroceder mucho tiempo, a 1992, el año en que salió Silvio, el magnífico disco que publicó Silvio Rodríguez después de la sequía que siguió a Oh, Melancolía.

Había marcado en el calendario el 23 de Junio como el día señalado para la publicación de Act III – Life and Death, la tercera parte de la obra compuesta por Casey Crescenzo con su grupo The Dear Hunter, una banda que, siguiendo las tradiciones del rock progresivo, es cada vez más inestable y susceptible de entradas y salidas.

Ya hemos hablado en Pezones de Venus de las dos entregas anteriores, la sorprendente primera parte, Act I: The Lake South, The River North, y la segunda, Act II: The Meaning of, & All Things Regarding Ms. Leading, que sirvió para confirmar que la anterior no había sido mera casualidad.

La portada de esta tercera entrega vuelve a presentarnos el árbol, símbolo de toda la serie, esta vez con más similitud que nunca a la mítica zarza ardiendo, con un diseño más estilizado, más sintético y, en mi opinión, más elegante. En realidad, estos adjetivos pueden aplicarse a la música que contiene ya que, aunque no existen grandes cambios en cuanto a las fórmulas musicales, sí hay algunas variaciones dignas de mención y que no pasarán inadvertidas a aquellos que hayan disfrutado de las dos primeras entregas.

Lo primero que llama la atención en Life and Death es la duración de las canciones. No encontramos ninguna cuya duración vaya más allá de los 6 minutos. No hemos visto, en las dos entregas, temas de una duración excesiva, pero en este tercer acto, parece existir una determinación clara en ese sentido. De hecho, la duración total del disco es mucho menor a la del segundo acto, que supuso un auténtico tour de force.

Esto se refleja también en la estructura de los temas. Life and Death es, probablemente, el menos progresivo de los tres actos. Podríamos incluso decir que, tomado de forma aislada, se trata, siendo ortodoxos, de un disco rock, con todos los adjetivos que uno quiera, pero rock por encima de todo. Los temas están hechos de una pieza, la dimensión sinfónica ha desaparecido casi por completo en beneficio de la sintetización y de la fuerza rítimica. Este último aspecto puede que sea el que mejor define el disco. Life and Death es un disco poderoso, con una fuerza tremenda, un disco en el que existen verdaderos himnos rock que no tienen nada que envidiar a los de los grupos consagrados. Como ya hemos comentado en referencia a otros discos, es inimaginable lo que un productor con visión podría hacer con este disco si quisiera promocionarlo entre el gran público. En mi opinión, tendría el éxito asegurado.

The Dear Hunter sigue haciendo gala, igual que en las dos anteriores entregas, de su facilidad para los ritmos y las orquestaciones. No existen grandes cambios en esta tercera parte. Si acaso, puede observarse cómo a Casey parece haberle gustado el resultado que dieron algunos temas del segundo acto, como The Oracles on the Delphi Express, y ha explotado ese ritmo binario, marcado y subrayado hasta la extenuación, con resultados tan excelentes que casi podríamos atribuirle la creación de un nuevo subgénero musical, el de swing rock.

Pero, como siempre, lo mejor es darnos un paseo por cada uno de los temas y ver de lo que estamos hablando de verdad.

Como ya deberíamos intuir, Life and Death se abre con un tema coral (al estilo del Battesimo Del Fuoco del primer acto). La línea melódica va por un camino muy parecido. El valor nuevo que aporta Writing on a Wall es que incluye un hermoso acompañamiento de piano y que está construído en crescendo, un crescendo en el que se va marcando la profundidad de las voces y el lirismo de los coros. Es un buen ejemplo de lo que nos depara este disco. Writing on a Wall es un coro a capella en toda regla que ha sido dulcificado. Con eso no se renuncia a la filosofía de la saga, pero se asusta menos al personal, se hace más digerible, otro adjetivo que le pega mucho a este disco, el más accesible de los tres con muchas diferencia. De hecho, existe una versión de este mismo tema, incluida como extra, e interpretada a capella (Writing on a Wall a capella).

Al igual que en el primer acto, el coro de introducción es seguido de una descarga de adrenalina (en aquel caso, era City Espape). Ésa es la función de  In Cauda Venenum, un tema de cuatro minutos que no tiene tanta fuerza como aquel, que es mucho más lírico (con armonías de las llamadas orientales, con cadencias en tonos menores) pero que tiene una introducción apoteósica (en el que la batería y las guitarras se preguntan y responden en una conversación violenta) que se repite intermitentemente a lo largo de la canción. La consecución de estos dos primeros temas se convierte, de este modo, en una marca de fábrica de The Dear Hunter.

Una vez situados en el mapa, Casey se deja de fuegos artificiales y empieza a repartir magia. What It Means to be Alone, además de poseer un título bellísimo, es puro The Deart Hunter, contiene el sonido que ha hecho única a esta saga y es el primer gran tema del álbum, aunque no lo parezca a simple vista. Y no lo parece porque es una de esas canciones que están hechas para ir de menos a más, que empiezan de forma amable para ir creciendo sin que nos demos cuenta. Los versos iniciales, Oh, you were born with the sun, son amables y sugerentes (con esos arpegios circulares de los teclados). Con Prayers from above las cosas empiezan a tomar un aire diferente, de transición hacia otra cosa que se concreta con la guitarra chorreando rock al final de la frase Now the only one you have is you (un manifiesto perfecto que define lo que significa la soledad, que no es otra cosa que la sensación que uno tiene, en ocasiones, de no poder contar más que consigo mismo, con nadie más). La sucesión se repite con variaciones cada vez más intrincadas hasta que, sin preveerlo, Casey nos ha llevado a un rock de tintes épicos, el que desata con Don’t turn away! Es un pasaje que apenas dura veinte segundos, pero es suficiente para dejarnos con los nervios temblando y el corazón en un puño, seguramente debido a su escasa duración. Es entonces cuando, al mirar hacia atrás, a aquel verso que parecía tan ingenuo (Oh, you were born with the sun), descubrimos que Casey ha jugado con nuestras emociones como ha querido. Y nosotros le damos las gracias por ello.

Sin conceder el menor respiro, The Dear Hunter sube el listón y encadena una canción aun mejor, The Tank, la única del álbum que no tiene una estructura sencilla. The Tank es un juego entre dos temas que se mezclan y luchan entre ellos. El primero, Eight wheels lusting for the lives of infantry, es un tema muy rítmico en el que la batería marca con violencia los tiempos fuertes del compás binarios, las cuerdas sirven de acompañamiento y unos coros graves llenan los silencios de Casey (y al que le podríamos encontrar similitudes hasta con Tom Waits). El segundo, You’ve stained your skin, es un tema completamente lírico, romántico, que cambia el compás a un ritmo ternario y en el que los coros se dulcifican ascendiendo de escala. El tema empieza con Eight Wheels, al que sucede al cabo de un minuto You’ve stained your skin. Cuarenta segundos dura el ataque lírico, que es sustituído de nuevo, con fuerzas renovadas, por Eight Wheels. Treinta segundos después, You’ve stained your skin reaparece habiendo adquirido parte de la fuerza de Eight Wheels. Un interludio relaja la lucha para servir a la catársis final, en el que el tema lírico acaba predominando pero con la rabia del rítimico, una victoria llena de desesperación. No se puede pedir más en poco más de cuatro minutos.

The Poison Woman es un tema en el que el ritmo lo es todo. Un compás binario en el los tiempos fuertes marca el camino a la voz de Casey y a todos los instrumentos. Es un tiempo medio que va acelerándose, enriqueciéndose con las aportaciones orquestales (sobre todo en el pasaje she swears she’s offering you something savory). A las dos primeras repiticiones del tema principal le sucede la sublimación de lo anterior en she had her supersitions para terminar el tema sustituyendo ligeramente el concepto rítmico por uno más grandioso y rockero, el que se desgrana en With the weight of the world on her shoulders.

The Thief es, en mi opinión, el corte más curioso del álbum. Se aparta completamente del sonido general del disco, del concepto sonoro de Life and Death (y casi podríamos incluir también las dos anteriores entregas). Se trata de un tema con acompañamientos psicodélicos a la guitarra que apenas pueden ocultar la fuente en que está inspirado, que no es otra que Radiohead. Algunos pasajes podrían ser interpretados perfectamente por Tom Yorke, sobre todo los construídos en base a la frase I’ve got the time tonight. The Thief es un tema que puede despistar al principio pero que, escuchado de forma aislada, revela su majestuosidad y su maestría.

Mustard Gas está cercano a In Cauda Venenum y es, probablemente, el que más nos recuerda al Casey de The Receiving End of the Sirens. Está, sin embargo, mucho mejor construído (con juegos entre los coros y los instrumentos para alcanzar las escalas menores, por ejemplo), con más convicción y eficacia, con giros que lo acercan a un rock amable (sobre todo en el pasaje montado sobre los coros de From the other side) y un ejercicio de postproducción muy cuidado.

Saved es una canción lenta y cariñosa tocada a piano y guitarra en la que Casey juega con los coros y la percusión. El resultado es eficaz, aunque no logra alcanzar la excelencia de la que, para mí, por el momento, es la gran balada de este saga, la hermosísima His Hands Matched His Tongue del primer acto.

He Said He Had a Story es, en mi opinión, el mejor tema de todo el álbum, el momento de la clave de sol. La estructura es muy parecida a la de The Tank, pero, en esta ocasión, la inspiración lo convierte en algo genial. La canción empieza con el tema There was a silver circle sign, construído en base a la voz de Casey, una batería convencional y una guitarra feliz de estar en segundo plano. Al llegar al primer minuto, el lirismo detiene prácticamente la canción e introduce el tema Please be soft and sweet to me, this life has not been good.  No dura más que veinte segundos, y el tema incial vuelve a retomarse con más urgencia. Las cosas empiezan a precipitarse. El tema lírico hace de nuevo acto de presencia, pero, esta vez , además de presentar la voz de Casey en sordina, le añade un toque de incertidumbre gracias a los acordes inquietantes del piano y a los platillos de la batería. El resultado es de expectación. Casey está preparando el terreno, está añadiendo madera al polvorín y está empezando a encender la llama sin que casi nos demos cuenta. Y, entonces, de pronto, estalla en la frase I will only take from you, and use it up, una frase que pone los pelos de punta, que repite and use it up una segunda vez dejando la melodía en alto para concluir con la rabia de What was her name?. Y no hemos terminado. Una guitarra distorsionada relaja los ánimos durante unos segundos, pero por poco tiempo. Los teclados, la bateria, empiezan a anunciar el climax final y, al igual que un cohete es disparado al cielo para que estalle en fuegos artificiales, una nota aguda asciende y abre la caja de los truenos, revisando con rabia el pasaje Break and bind yourself to me y casi repitiendo a voz en grito la frase What was her name?. No hay más que decir, Casey nos ha dejado sin palabras.

Después de esta maravilla, Casey, consciente, tal vez, de la dificultad de superarse, rebaja sus expectativas.  This Beautiful Life es una canción interesante y resultona, llena de giros (demasiados, en mi opinión) y en la que el piano inicial se mezcla con unas guitarras eléctricas a las que ya no les queda demasiada fuerza y una batería siempre en forma. El pasaje más llamativo de la canción, el que destaca sobre los demás, el que empieza con Oh, but somewhere y, ascendiendo poco a poco, termina en un hermoso conjuro, Life is Beautiful. Aunque es una canción al alcance de unos pocos, a partir de este punto (y con la excepción del siguiente tema), The Dear Hunter pierde fuerza. Todavía nos va a dar otros dos temas más (Son y Father), muy ligados entre sí, pero la inspiración ya se ha echado a dormir.

En la introducción hablábamos del original tema que se marcó Casey en el segundo acto, The Oracles on the Delphi Express. Debió gustarle el resultado, porque en este tercer acto vuelve a repetir fórmula con Go Get Your Gun, y, en mi opinión, con mejores resultados todavía. Go Get Your Gun es un auténtico swing con aroma a western, un tema para bailar que se abre con una batería marcando un típico ritmo de swing y a la que se van añadiendo instrumentos (como el banjo). Casey demuestra que, aunque no tiene una gran voz, tiene un gran sentido melódico y rítmico. Los breaks de batería, aunque copiados descaradamente de los grandes temas de Benny Goodman (compárese el ritmo y los giros con la mítica Sing, Sing, Sing de Benny Goodman en este extracto de la película Swing Kids), son eficaces y tienen la capacidad de levantar a un muerto. Imprescindible para levantar la moral y una joya de este disco.

Después de esta orgía rítimica, Casey rompe de nuevo con Son, un tema cuyos primeros cuarenta segundos son de nuevo un coro a capella que recuerda, otra vez, a Battesimo Del Fuoco. Son es un tema en el que The Dear Hunter se olvida de las guitarras eléctricas por completo. A los coros les sigue un ritmo ternario en el que los tiempos débiles son marcados con los rasgueos de una guitarra acústica. La atmósfera general es de una absoluta tranquilidad y armonía que sólo son rotas por la irrupción de un piano retumbando con acordes graves. A partir de ahí, el piano se dulcifica hasta retomar la dulzura del principio, ayudado por instrumentos de cuerda. Otra hermosa canción que, en mi opinión, no acaba de cuajar del todo. La ausencia de las guitarras eléctricas se echa demasiado de menos en una canción que es la más larga del disco.

A la siguiente, Father, le sucede algo parecido, aunque el resultado es mucho mejor. Empieza donde lo dejó Son, con firmes acordes de piano en tonos menores para dar un giro a los veintiocho segundos y entrar en Oh, what a mess, un pasaje que levanta el tema para depositarlo, sobre la nota alargada de una guitarra eléctrica, en un nuevo remanso, it was so long ago, que da paso al climax de We stand and wait, el tema más conseguido y original de toda la canción, lo que verdaderamente sobresale. Retomamos de nuevo Oh, what a mess para desembocar en el tema de it was a long ago, esta vez sobre la frase one of this days, que se repite una y otra vez ascendiendo, volando a lomos de una guitarra eléctrica que la embellece hasta llevarla en una apoteosis final sosegada y hermosa. Como hemos dicho, el resultado, aunque no logra la unidad y la brillantez de otras canciones, sí es  digno de elogio.

Life and Death, el tema que cierra este tercer acto, con su melancólico piano solo, recuerda, más que a ninguna otra cosa, al broche final del primer acto, The River North, aunque apenas dura un suspiro, desvaneciéndose en un acorde grave.

Después de todo lo dicho, poco podemos añadir. Life and Death, la tercera entrega de la saga de The Dear Hunter, mantiene el altísimo nivel de las dos anteriores, las supera en algunos aspectos y, gracias a un giro evidente hacia la simplificación (aunque sólo sea aparente) es un banderín de enganche para aquellos que todavía no hayan escuchado nada de este magnífico artista. Si Casey mantiene su idea de llegar hasta seis entregas, tenemos asegurado el disfrute por varios años más. Y más. La saga de The Dear Hunter es ya un hito de la música rock contemporánea.

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Act I: The Lake South, the River North