Clave de Sol

Posts Tagged ‘Rock Progresivo’

The Dear Hunter – Act III: Life and Death

In Música on julio 16, 2009 at 08:55
The Dear Hunter - Act III: Life and Death

The Dear Hunter - Act III: Life and Death

Hacía tiempo que no esperaba con tanta ilusión un disco. Tendría que retroceder mucho tiempo, a 1992, el año en que salió Silvio, el magnífico disco que publicó Silvio Rodríguez después de la sequía que siguió a Oh, Melancolía.

Había marcado en el calendario el 23 de Junio como el día señalado para la publicación de Act III – Life and Death, la tercera parte de la obra compuesta por Casey Crescenzo con su grupo The Dear Hunter, una banda que, siguiendo las tradiciones del rock progresivo, es cada vez más inestable y susceptible de entradas y salidas.

Ya hemos hablado en Pezones de Venus de las dos entregas anteriores, la sorprendente primera parte, Act I: The Lake South, The River North, y la segunda, Act II: The Meaning of, & All Things Regarding Ms. Leading, que sirvió para confirmar que la anterior no había sido mera casualidad.

La portada de esta tercera entrega vuelve a presentarnos el árbol, símbolo de toda la serie, esta vez con más similitud que nunca a la mítica zarza ardiendo, con un diseño más estilizado, más sintético y, en mi opinión, más elegante. En realidad, estos adjetivos pueden aplicarse a la música que contiene ya que, aunque no existen grandes cambios en cuanto a las fórmulas musicales, sí hay algunas variaciones dignas de mención y que no pasarán inadvertidas a aquellos que hayan disfrutado de las dos primeras entregas.

Lo primero que llama la atención en Life and Death es la duración de las canciones. No encontramos ninguna cuya duración vaya más allá de los 6 minutos. No hemos visto, en las dos entregas, temas de una duración excesiva, pero en este tercer acto, parece existir una determinación clara en ese sentido. De hecho, la duración total del disco es mucho menor a la del segundo acto, que supuso un auténtico tour de force.

Esto se refleja también en la estructura de los temas. Life and Death es, probablemente, el menos progresivo de los tres actos. Podríamos incluso decir que, tomado de forma aislada, se trata, siendo ortodoxos, de un disco rock, con todos los adjetivos que uno quiera, pero rock por encima de todo. Los temas están hechos de una pieza, la dimensión sinfónica ha desaparecido casi por completo en beneficio de la sintetización y de la fuerza rítimica. Este último aspecto puede que sea el que mejor define el disco. Life and Death es un disco poderoso, con una fuerza tremenda, un disco en el que existen verdaderos himnos rock que no tienen nada que envidiar a los de los grupos consagrados. Como ya hemos comentado en referencia a otros discos, es inimaginable lo que un productor con visión podría hacer con este disco si quisiera promocionarlo entre el gran público. En mi opinión, tendría el éxito asegurado.

The Dear Hunter sigue haciendo gala, igual que en las dos anteriores entregas, de su facilidad para los ritmos y las orquestaciones. No existen grandes cambios en esta tercera parte. Si acaso, puede observarse cómo a Casey parece haberle gustado el resultado que dieron algunos temas del segundo acto, como The Oracles on the Delphi Express, y ha explotado ese ritmo binario, marcado y subrayado hasta la extenuación, con resultados tan excelentes que casi podríamos atribuirle la creación de un nuevo subgénero musical, el de swing rock.

Pero, como siempre, lo mejor es darnos un paseo por cada uno de los temas y ver de lo que estamos hablando de verdad.

Como ya deberíamos intuir, Life and Death se abre con un tema coral (al estilo del Battesimo Del Fuoco del primer acto). La línea melódica va por un camino muy parecido. El valor nuevo que aporta Writing on a Wall es que incluye un hermoso acompañamiento de piano y que está construído en crescendo, un crescendo en el que se va marcando la profundidad de las voces y el lirismo de los coros. Es un buen ejemplo de lo que nos depara este disco. Writing on a Wall es un coro a capella en toda regla que ha sido dulcificado. Con eso no se renuncia a la filosofía de la saga, pero se asusta menos al personal, se hace más digerible, otro adjetivo que le pega mucho a este disco, el más accesible de los tres con muchas diferencia. De hecho, existe una versión de este mismo tema, incluida como extra, e interpretada a capella (Writing on a Wall a capella).

Al igual que en el primer acto, el coro de introducción es seguido de una descarga de adrenalina (en aquel caso, era City Espape). Ésa es la función de  In Cauda Venenum, un tema de cuatro minutos que no tiene tanta fuerza como aquel, que es mucho más lírico (con armonías de las llamadas orientales, con cadencias en tonos menores) pero que tiene una introducción apoteósica (en el que la batería y las guitarras se preguntan y responden en una conversación violenta) que se repite intermitentemente a lo largo de la canción. La consecución de estos dos primeros temas se convierte, de este modo, en una marca de fábrica de The Dear Hunter.

Una vez situados en el mapa, Casey se deja de fuegos artificiales y empieza a repartir magia. What It Means to be Alone, además de poseer un título bellísimo, es puro The Deart Hunter, contiene el sonido que ha hecho única a esta saga y es el primer gran tema del álbum, aunque no lo parezca a simple vista. Y no lo parece porque es una de esas canciones que están hechas para ir de menos a más, que empiezan de forma amable para ir creciendo sin que nos demos cuenta. Los versos iniciales, Oh, you were born with the sun, son amables y sugerentes (con esos arpegios circulares de los teclados). Con Prayers from above las cosas empiezan a tomar un aire diferente, de transición hacia otra cosa que se concreta con la guitarra chorreando rock al final de la frase Now the only one you have is you (un manifiesto perfecto que define lo que significa la soledad, que no es otra cosa que la sensación que uno tiene, en ocasiones, de no poder contar más que consigo mismo, con nadie más). La sucesión se repite con variaciones cada vez más intrincadas hasta que, sin preveerlo, Casey nos ha llevado a un rock de tintes épicos, el que desata con Don’t turn away! Es un pasaje que apenas dura veinte segundos, pero es suficiente para dejarnos con los nervios temblando y el corazón en un puño, seguramente debido a su escasa duración. Es entonces cuando, al mirar hacia atrás, a aquel verso que parecía tan ingenuo (Oh, you were born with the sun), descubrimos que Casey ha jugado con nuestras emociones como ha querido. Y nosotros le damos las gracias por ello.

Sin conceder el menor respiro, The Dear Hunter sube el listón y encadena una canción aun mejor, The Tank, la única del álbum que no tiene una estructura sencilla. The Tank es un juego entre dos temas que se mezclan y luchan entre ellos. El primero, Eight wheels lusting for the lives of infantry, es un tema muy rítmico en el que la batería marca con violencia los tiempos fuertes del compás binarios, las cuerdas sirven de acompañamiento y unos coros graves llenan los silencios de Casey (y al que le podríamos encontrar similitudes hasta con Tom Waits). El segundo, You’ve stained your skin, es un tema completamente lírico, romántico, que cambia el compás a un ritmo ternario y en el que los coros se dulcifican ascendiendo de escala. El tema empieza con Eight Wheels, al que sucede al cabo de un minuto You’ve stained your skin. Cuarenta segundos dura el ataque lírico, que es sustituído de nuevo, con fuerzas renovadas, por Eight Wheels. Treinta segundos después, You’ve stained your skin reaparece habiendo adquirido parte de la fuerza de Eight Wheels. Un interludio relaja la lucha para servir a la catársis final, en el que el tema lírico acaba predominando pero con la rabia del rítimico, una victoria llena de desesperación. No se puede pedir más en poco más de cuatro minutos.

The Poison Woman es un tema en el que el ritmo lo es todo. Un compás binario en el los tiempos fuertes marca el camino a la voz de Casey y a todos los instrumentos. Es un tiempo medio que va acelerándose, enriqueciéndose con las aportaciones orquestales (sobre todo en el pasaje she swears she’s offering you something savory). A las dos primeras repiticiones del tema principal le sucede la sublimación de lo anterior en she had her supersitions para terminar el tema sustituyendo ligeramente el concepto rítmico por uno más grandioso y rockero, el que se desgrana en With the weight of the world on her shoulders.

The Thief es, en mi opinión, el corte más curioso del álbum. Se aparta completamente del sonido general del disco, del concepto sonoro de Life and Death (y casi podríamos incluir también las dos anteriores entregas). Se trata de un tema con acompañamientos psicodélicos a la guitarra que apenas pueden ocultar la fuente en que está inspirado, que no es otra que Radiohead. Algunos pasajes podrían ser interpretados perfectamente por Tom Yorke, sobre todo los construídos en base a la frase I’ve got the time tonight. The Thief es un tema que puede despistar al principio pero que, escuchado de forma aislada, revela su majestuosidad y su maestría.

Mustard Gas está cercano a In Cauda Venenum y es, probablemente, el que más nos recuerda al Casey de The Receiving End of the Sirens. Está, sin embargo, mucho mejor construído (con juegos entre los coros y los instrumentos para alcanzar las escalas menores, por ejemplo), con más convicción y eficacia, con giros que lo acercan a un rock amable (sobre todo en el pasaje montado sobre los coros de From the other side) y un ejercicio de postproducción muy cuidado.

Saved es una canción lenta y cariñosa tocada a piano y guitarra en la que Casey juega con los coros y la percusión. El resultado es eficaz, aunque no logra alcanzar la excelencia de la que, para mí, por el momento, es la gran balada de este saga, la hermosísima His Hands Matched His Tongue del primer acto.

He Said He Had a Story es, en mi opinión, el mejor tema de todo el álbum, el momento de la clave de sol. La estructura es muy parecida a la de The Tank, pero, en esta ocasión, la inspiración lo convierte en algo genial. La canción empieza con el tema There was a silver circle sign, construído en base a la voz de Casey, una batería convencional y una guitarra feliz de estar en segundo plano. Al llegar al primer minuto, el lirismo detiene prácticamente la canción e introduce el tema Please be soft and sweet to me, this life has not been good.  No dura más que veinte segundos, y el tema incial vuelve a retomarse con más urgencia. Las cosas empiezan a precipitarse. El tema lírico hace de nuevo acto de presencia, pero, esta vez , además de presentar la voz de Casey en sordina, le añade un toque de incertidumbre gracias a los acordes inquietantes del piano y a los platillos de la batería. El resultado es de expectación. Casey está preparando el terreno, está añadiendo madera al polvorín y está empezando a encender la llama sin que casi nos demos cuenta. Y, entonces, de pronto, estalla en la frase I will only take from you, and use it up, una frase que pone los pelos de punta, que repite and use it up una segunda vez dejando la melodía en alto para concluir con la rabia de What was her name?. Y no hemos terminado. Una guitarra distorsionada relaja los ánimos durante unos segundos, pero por poco tiempo. Los teclados, la bateria, empiezan a anunciar el climax final y, al igual que un cohete es disparado al cielo para que estalle en fuegos artificiales, una nota aguda asciende y abre la caja de los truenos, revisando con rabia el pasaje Break and bind yourself to me y casi repitiendo a voz en grito la frase What was her name?. No hay más que decir, Casey nos ha dejado sin palabras.

Después de esta maravilla, Casey, consciente, tal vez, de la dificultad de superarse, rebaja sus expectativas.  This Beautiful Life es una canción interesante y resultona, llena de giros (demasiados, en mi opinión) y en la que el piano inicial se mezcla con unas guitarras eléctricas a las que ya no les queda demasiada fuerza y una batería siempre en forma. El pasaje más llamativo de la canción, el que destaca sobre los demás, el que empieza con Oh, but somewhere y, ascendiendo poco a poco, termina en un hermoso conjuro, Life is Beautiful. Aunque es una canción al alcance de unos pocos, a partir de este punto (y con la excepción del siguiente tema), The Dear Hunter pierde fuerza. Todavía nos va a dar otros dos temas más (Son y Father), muy ligados entre sí, pero la inspiración ya se ha echado a dormir.

En la introducción hablábamos del original tema que se marcó Casey en el segundo acto, The Oracles on the Delphi Express. Debió gustarle el resultado, porque en este tercer acto vuelve a repetir fórmula con Go Get Your Gun, y, en mi opinión, con mejores resultados todavía. Go Get Your Gun es un auténtico swing con aroma a western, un tema para bailar que se abre con una batería marcando un típico ritmo de swing y a la que se van añadiendo instrumentos (como el banjo). Casey demuestra que, aunque no tiene una gran voz, tiene un gran sentido melódico y rítmico. Los breaks de batería, aunque copiados descaradamente de los grandes temas de Benny Goodman (compárese el ritmo y los giros con la mítica Sing, Sing, Sing de Benny Goodman en este extracto de la película Swing Kids), son eficaces y tienen la capacidad de levantar a un muerto. Imprescindible para levantar la moral y una joya de este disco.

Después de esta orgía rítimica, Casey rompe de nuevo con Son, un tema cuyos primeros cuarenta segundos son de nuevo un coro a capella que recuerda, otra vez, a Battesimo Del Fuoco. Son es un tema en el que The Dear Hunter se olvida de las guitarras eléctricas por completo. A los coros les sigue un ritmo ternario en el que los tiempos débiles son marcados con los rasgueos de una guitarra acústica. La atmósfera general es de una absoluta tranquilidad y armonía que sólo son rotas por la irrupción de un piano retumbando con acordes graves. A partir de ahí, el piano se dulcifica hasta retomar la dulzura del principio, ayudado por instrumentos de cuerda. Otra hermosa canción que, en mi opinión, no acaba de cuajar del todo. La ausencia de las guitarras eléctricas se echa demasiado de menos en una canción que es la más larga del disco.

A la siguiente, Father, le sucede algo parecido, aunque el resultado es mucho mejor. Empieza donde lo dejó Son, con firmes acordes de piano en tonos menores para dar un giro a los veintiocho segundos y entrar en Oh, what a mess, un pasaje que levanta el tema para depositarlo, sobre la nota alargada de una guitarra eléctrica, en un nuevo remanso, it was so long ago, que da paso al climax de We stand and wait, el tema más conseguido y original de toda la canción, lo que verdaderamente sobresale. Retomamos de nuevo Oh, what a mess para desembocar en el tema de it was a long ago, esta vez sobre la frase one of this days, que se repite una y otra vez ascendiendo, volando a lomos de una guitarra eléctrica que la embellece hasta llevarla en una apoteosis final sosegada y hermosa. Como hemos dicho, el resultado, aunque no logra la unidad y la brillantez de otras canciones, sí es  digno de elogio.

Life and Death, el tema que cierra este tercer acto, con su melancólico piano solo, recuerda, más que a ninguna otra cosa, al broche final del primer acto, The River North, aunque apenas dura un suspiro, desvaneciéndose en un acorde grave.

Después de todo lo dicho, poco podemos añadir. Life and Death, la tercera entrega de la saga de The Dear Hunter, mantiene el altísimo nivel de las dos anteriores, las supera en algunos aspectos y, gracias a un giro evidente hacia la simplificación (aunque sólo sea aparente) es un banderín de enganche para aquellos que todavía no hayan escuchado nada de este magnífico artista. Si Casey mantiene su idea de llegar hasta seis entregas, tenemos asegurado el disfrute por varios años más. Y más. La saga de The Dear Hunter es ya un hito de la música rock contemporánea.

Web Oficial

The Dear Hunter en MySpace

Act I: The Lake South, the River North

Anuncios

The Mars Volta – Octahedron

In Música on junio 27, 2009 at 22:41
The Mars Volta - Octahedron

The Mars Volta - Octahedron

Esta semana vamos a tener, por fin, la oportunidad de hablar de uno de los mejores grupos de rock de la actualidad, un grupo que está construyendo su historia de forma  discreta, sin concesiones comerciales y con un genio inabarcable.

Nos referimos a The Mars Volta, el grupo norteamericano formado en el año 2001 por Omar Rodríguez (el sucesor natural de los grandes guitarristas de los setenta) y Cedrix Bixler-Zavala.

Su música ha sido definida como rock progresivo, y nosotros, que somos devotos de este género, no vamos a llevar la contraria. Sin embargo, en el caso de The Mars Volta, el tópico es más real que nunca: esa etiqueta es una forma de intentar atrapar un estilo inconfundible y un intento de resucitar el verdadero rock, tal y como se le entendía a finales de los sesenta y principios de los setenta, pero enfocándolo de una forma nueva.

Hace apenas unos días, el 22 de junio, se publicaba oficialmente su quinto álbum de estudio, Octahedron. Según sus propios integrantes, el objetivo era hacer su primer disco acústico, aunque, cuando uno lo escucha por primera vez, llega a la conclusión de que le han tomado el pelo a lo grande.

Podríamos describrir el estilo de este grupo y no terminaríamos nunca, pero lo mejor es recorrer los ocho temas del disco y disfrutar en el viaje como niños, que es de lo que, al final, se trara siempre.

Existen muchas formas de abrir un disco, y The Mars Volta elige una de las que más me gustan, romper el silencio inicial poco a poco, con una nota aguda que asciende en volumen durante más de un minuto, progresivamente, hasta desembocar en Since We’ve Been Wrong, primer single en EEUU. Es como tender un puente entre la realidad, llena de ruido caótico, y el disco, en el que el ruido en convierte en música. Y qué mejor manera de abrir la puerta que un arpegio de guitarra. La voz de Cedrix desgrana versos apoyándose en todas y cada una de las vocales, diviendo la introducción en bloques separados por silencios que parecen poder conducir a cualquier parte. Y lo hacen. De repente, una hermosa voz doblada rompe en un estribillo maravilloso que asciende una primera vez quedándose a medias y que desemboca, la segunda, en una explosión romántica en la que la batería te llega al corazón, la voz juega a contrapunto con los coros y las guitarras se liberan para improvisar de fondo. The Mars Volta demuestra que este álbum va a ser diferente, que son capaces de hacer cualquier cosa y hacerla bien, que, si quieren, pueden ser más clásicos que nadie.

En mi opinión, existen dos temas que brillan por su excelencia sobre el altísimo nivel general del álbum. Uno de ellos es la segunda cara del octaedro, Teflon. En él, se cruzan y entrecruzan a la perfección los tres elementos esenciales sobre los que están construídos todos los temas de The Mars Volta, la voz versátil y casi en falsete de Cedrix, la guitarra estratosférica de Omar y un batería que siempre es algo más que un mero acompañamiento. Teflon, un tiempo medio, evoluciona con elegancia sobre las distorsiones y los juegos sonoros de las guitarras, verdaderos ejercicios de estilo que muestran infinitas variaciones y detalles. Los solos vocales, que suben y bajan de escala, están perfectamente engarzados con los coros. Una verdadera maravilla.

En Halo of Nembutals, The Mars Volta utiliza, en la introducción, sonidos industriales y distorsiones de cuerdas para crear sensación de profundidad y un clima oscuro. La voz de Cedrix refuerza la atmósfera inquietante. Entonces, un break de batería y el despertar de la guitarra cambian el tono sirviendo de apoyo a una frase repetitiva. La introducción inicial vuelve a repetirse, pero esta vez en clave acústica, más plana, más inmediata. A partir de ahí, la estructura se repite una y otra vez de forma más furiosa, más desesperada, como si uno estuviera sumergiéndose en un abismo y cayera cada vez a más velocidad. Los últimos compases son realmente desatados. Un tema poderoso que, en mi opinión, no logra encontrar el equilibrio ni liberarse completamente. Un tema que se queda a medias.

El segundo momento cumbre del disco, en mi opinión, es With Twilight as My Guide, que también es el momento de la clave de sol. En cierto modo, es la otra cara de Teflon. La batería ha desaparecido completamente, y las guitarras crean una atmósfera crepuscular a base de escalas descendentes, sonidos amortiguados y juegos entrecruzados. La voz de Cedrix realiza el mejor trabajo de todo el álbum y consigue, probablemente, el lirismo más
emocional de toda la carrera del grupo. Un grupo que es capaz de hacer dos temas tan distintos y alcanzar en cada uno de ellos la perfección, es capaz ya de hacer cualquier cosa. Una canción para escuchar después de hacer el amor y sentir la vida pasar mientras la persona a la que amas te abraza.

Cotopaxi es el verdadero subidón de adrenalia del disco, un tema que recuerda más que ninguno el tono de los anteriores álbumes de The Mars Volta y que ha servido de primer single en Europa. Si dura apenas tres minutos, entiendo que es debido a que el grupo no ha querido cargar mucho las tintas para no perder el espíritu sosegado y acústico que prentedían en Octahedron. En cualquier caso, tampoco me parece una de sus mejores
composiciones, sirviendo, en mi opinión, más como reclamo que otra cosa.

Desperate Graves empieza con una introducción que, prentendidamente o no, suena a los pasajes bucólicos que creaba Genesis en la era de Peter Gabriel, por ejemplo en The Musical Box. Treinta segundos de tranquilidad que dan paso al tema real. El primer pasaje tiene una curiosa estructura ya que, a pesar de que la batería marca un ritmo frenético de cabalcade, la voz va detrás, saltándose compases, creando la una extraña impresión de contrapunto que puede resultar incómoda al principio, mientras las guitarras decoran en segundo plano cada frase con bellos acompañamientos distorsionados. Unos coros con la voz doblada dan a paso a la preparación del estribillo, elevando el tono y dejando las frases en alto. En ese momento, toda la fuerza contenida estalla en una profusión en la que la voz, las guitarras y la batería se unen. La estructura se repite una segunda vez, y la batería va perdiendo protagonismo sutilmente en favor de las guitarras. Es entonces, al final de la segunda repetición, cuando llega el climax. La tonalidad en la que ha transcurrido el tema desemboca en la mayor y el lirismo se hace dueño de la situación. El trabajo vocal se hace menos furioso y todo empieza a caer por su propio peso a fuerza de repitición para terminar en la misma introducción bucólica del principio. Una tema muy equilibrado, que evoluciona casi sin que nos demos cuenta y que gana con cada escucha.

A estas alturas, poco se le puede objetar ya al disco. A Copernicus se llega entregado, abierto de par en par. The Mars Volta regala el único tiempo verdaderamente lento del octaedro. Copernicus es, sobre todo, la voz de Cedrix, una voz llena de sutileza y que, en el estribillo, recuerda a la musica de finales de los setenta.

Para terminar, The Mars Volta apuesta por lo que, en el fondo, es un rock clásico, Luciforms. Detrás de este bellísimo título, se esconde un tema que podría haber convivido perfectamente con los clásicos de Led Zeppelin, The Doors o Jimmy Hendrix. Un tema en el que el protagonista, a pesar del juego que da la voz desgarrada de Cedrix, es la guitarra de Omar, una guitarra que nada tiene que envidiarle a los clásicos anteriormente citados y que gana cada día que pasa. Luciforms es rock épico, es un rock interpretado desde la sabiduría pero también desde la rabia, una rabia contenida que se aprecia mejor en la guitarra y en la batería queen la voz.

En resumen, podríamos decir que el octaedro construído por The Mars Volta no es simétrico. Algunas caras tienen más superficie que otras, destacando, en mi opinión, la dimensión melódica. Personalmente, creo que a eso se refería el grupo al afirmar que iban a hacer un disco acústico. Al igual que los actores cómicos, para los que la tragedia es siempre el santo grial que les convierte en grandes, el lirismo es la prueba de fuego de los grupos de rock. Con Octahedron, The Mars Volta pasa la prueba con nota.

Marillion – Happiness is the Road – II: The Hard Shoulder

In Música on mayo 6, 2009 at 16:54
Happiness is the Road - The Hard Shoulder

Happiness is the Road - The Hard Shoulder

Después de haber disfrutado la semana pasada de Essence, la primera parte de Happiness is the Road, el último disco publicado por el grupo de rock neo-progresivo Marillion, esta semana vamos a abordar la segunda parte de este doble álbum, The Hard Shoulder, término que se utiliza en los países anglosajones para referirse a lo que aquí llamamos arcén.

El significado de este subtítulo es, en principio, bastante inmediato. Si la primera parte, como ya dijimos, dibujaba un viaje conceptual a través de diferentes estados emocionales y existenciales, un viaje en el que se transitaba por esa autopista de varios carriles que no lleva, en realidad, a ningún sitio, sino que contiene en sí misma la felicidad, esta segunda parte nos presenta el carril de ayuda, el lugar en el que echarse a descansar o por el que adelantar cuando hay demasiado tráfico en la vida.

Este segundo álbum es completamente diferente al primero. No existe la unidad conceptual de aquel. Está compuesto por nueve temas que, en principio, no guardan relación temática los unos con los otros.

Musicalmente, sin apartarse demasiado del sonido de la primera parte, nos encontramos a Marillion algo más cercanos al rock y algo más progresivos. No se trata de un disco de descartes, sino uno donde caben temas sencillos cercanos a la línea de Essence, temas complejos en la tradición progresiva y verdaderos singles.

La diferencia entre las dos partes queda clara desde el principio. Thunder Fly procede de la tradición del rock de los setenta y se aparta por completo de todos los cortes de Essence. Y no sólo musicalmente. Las reflexiones trascendentales han dejado paso a una evocación casi hedonista sobre una especie de insecto (“corn fly”) que se enreda y revolotea alrededor (un tema que ya muy transitado, como en el poema Las moscas, de Machado).

Con The Man from the Planet Marzipan entramos de lleno en el terreno del mejor rock progresivo clásico. Un tema muy barroco de casi ocho minutos en el que Marillion ha construído un universo sonoro lleno de ambientes que van evolucionado y ganando matices. La letra se evade al fin del mundo real para invitarnos a hablar con un habitante del planeta Marzipan. Un momento genial del disco.

Y llegamos a Asylum Satellite #1, el mejor tema, en mi opinión, de este segundo álbum.La filosofía es parecida a la del tema anterior, pero más eficaz y emocionante. En ocasiones, The Man from the Planet Marzipan puede llegar a parecer un ejercicio de estilo. Asylum Satellite #1, por el contrario, concentra una hermosa instrumentación con el objetivo de emocionar. Durante sus nueve minutos y medio transitamos por un futuro en el que la humanidad ha tenido que refugiarse en un satélite en órbita alrededor de La Tierra para poder sobrevivir a algún tipo de catástrofe galáctica no especificada. El tema parece querer evocar cada pasaje de la historia, desde la fase inicial (que dura algo más de un minuto y medio y evoluciona desde el soniquete de principio hasta la introducción sofisticada que da paso a Hogarth) , pasando por la parte central, que se repite varias veces (y que construye una coda espacial maravillosa), hasta un magnífico solo de guitarra, enlazado con una atmósfera sosegada (como si el sistema solar si hubiera extinguido y no quedara nada). Un tema grandioso.

Older Than Me cambia de tercio con una especie de balada melancólica que me hubiera gustado escuchar a piano solo. Una oportunidad para respirar después de casi veinte minutos viajando por el espacio.

El comienzo de Throw Me Out me recuerda de forma inmediata a The House of the Rising Sun, pero pasada por un órgano perezoso. Para ser sinceros, es lo único que me llama la atención de todo el tema.

En Half the World, Marillion parece componer un tema para esos extraños, infrecuentes y surrealistas momentos en los que una relación se rompe de forma amistosa y sólo nos quedan buenos deseos para la otra persona. Al igual que el anterior, este me parece otro tema menor dentro de esta segunda parte.

De ser ejecutivo de marketing y haber tenido la posibilidad de elegir un tema para presentarlo como single de este maravilloso Happiness is the Road, habría escogido Whatever Is Wrong with You sin dudarlo. Eso es lo que hizo Marillion. Escondido al final de esta segunda parte, es un tema de esos que levantan a los muertos. Whatever is wrong with you, Is so right for me!

Después de esta traca apoteósica, Marillion debería haber cambiado de tercio inmediatamente, ya que cualquier comparación puede ser odiosa. Ésa es la tragedia de  Especially True, el de ser una canción aceptable, con un estribillo pegadizo e inspirado, que queda eclipsada por el single indiscutible de Happiness is the Road.

Para terminar este tour de force, Real Tears for Sale, un tema cercano a los sonidos de los ochenta, en concreto al rock norteamericano. En la segunda parte improvisan un pasaje más tranquilo para terminar en una orgía instrumental y vocal que se va disipando de nuevo.

Como hemos visto durante estas dos entregas, Happiness is the Road es un disco con doble personalidad, un disco con dos partes claramente diferenciadas, la primera más conceptual y asequible, la segunda más dispersa, variada y compleja. No va a cambiar el panorama de rock progersivo ni del pop. Tampoco creo que sea la obra cumbre de Marillion (como se ha dicho). Más bien es una piedra más en una trayectoria envidiable, una piedra que nos hace soñar con futuras maravillas.

Si después de tantos minutos de música no se nos ha quedado nada en la cabeza, no pasa nada. Al menos, sí hemos aprendido lo importante:

HAPPINESS IS THE ROAD.

Marillion – Happiness is the Road – I: Essence

In Música on abril 29, 2009 at 13:59

Happiness is the Road- Essence Ha llegado el momento de reseñar este doble álbum que Marillion publicó en septiembre del 2008, el décimo quinto de su larga carrera. Durante los últimos meses me he debatido entre hacerlo o no, lo he escuchado varias veces y he llegado a la conclusión de que necesito explicar lo que pienso de él para liberarme de una vez por todas.

Marillion forma parte de esa oleada de grupos que, a principios de los ochenta, tomaron el testigo de los agotados grupos del rock progresivo clásico, siguiendo el camino donde ellos lo habían dejado, siendo denominado el movimiento, de forma genérica, como rock neo-progresivo. Inspirándose en la música de década anterior, introdujeron modificaciones como la introducción de sintetizadores modernos, una concepción de los temas más centrada en la composición (en oposición a la improvisación de los setenta), canciones más cortas y un sentido del espectáculo más depurado. Por la época en que surgieron, pronto incluyeron en su música fórmulas y estructuras cercanas al pop y al jazz, por lo que muchos puristas del rock progresivo les tienen crucificados.

Como toda declaración de principios, aquellas críticas tan radicales pecaron de simplistas y dejaron en el camino grandes creaciones y bandas que merecían la pena, una de las cuales es la integrada por estos ingleses que tomaron el nombre del grupo del conocido libro de Tolkien Silmarillion. De hecho, se considera a Marillion la quinta esencia del movimiento, además de ser el qué más éxito ha tenido en cuanto a ventas y seguidores.

Veinticinco años después de la publicación de su primer disco, Marillion sacaba al mercado Happiness is the Road, un álbum doble que me llamó poderosamente la atención después de escuchar una magnífica entrevista que la gente de Radio3 le hizo al líder del grupo, Steve Hogarth.  En ella, el vocalista contaba los duros momentos que había pasado recientemente, desde el divorcio con su mujer de siempre, pasando por una nueva relación que le había dado la oportunidad de ser padre otra vez, hasta la muerte de su padre. Enseguida sentí curiosidad por cómo habrían afectado esas vivencias a la música del grupo, cómo las habrían plasmado.

Ya el título del disco, otra declaración de principios, nos da una idea de lo que nos vamos a encontrar. En él, los de Steve Hogarth, inspirándose, al parecer, en un libro de autoayuda muy popular llamado The Power of Now, le dan la vuelta a la forma tradicional de entender la vida, afirmando que la felicidad no es éso que nos espera al final del camino, que la felicidad no es la recompensa por nuestros esfuerzos. La felicidad, según Marillion, es el camino mismo, las cosas que hacemos mientras luchamos por llegar a algún sitio donde nos sintamos menos solos, a algún sitio donde las cosas tengan un poco más de sentido.

Es decir, que el sufrimiento y las malas experiencias de su vocalista han sido catalizadas por Marillion hasta convertir su música en una catarsis que nos impulse a seguir adelante, valorando las cosas hermosas que hay en la vida y sabiendo aceptar las derrotas y los fracasos. Es un álbum luminoso, optimista, exento de esos sonidos oscuros y tenebrosos por lo que tanto transita el progersivo actual. Es un disco muy cercano al pop, un disco muy asequible, fácil de asimilar y agradable de escuchar en cualquier momento del día o de la noche.

En Pezones de Venus, vamos a analizar el disco en dos entregas distintas, dedicando cada una de ellas a las dos partes de que consta este Happiness is the Road. Creo que es bastante útil, ya que la concepción de ambas guarda diferencias importantes.

La primera, subtitulada Essence, es la más homogénea de las dos en todos los sentidos. Es una obra conceptual, en el sentido de que todos los temas se engloban dentro de una reflexión, muy directa y sencilla, sobre los estados de ánimo del ser humano, sus miedos, sus incoherencias y sus virtudes. Músicalmente está lleno de temas cercanos, pegadizos y sin muchas complicaciones.

Marillion abre Happiness is the RoadEssence con Dreamy Street, una introducción que no llega a los dos minutos y en la que una atmósfera étera y un piano profundo sirve de base para que Hogarth nos hable de un sueño algo surrealista. Igual que el origen de la vida y del amor, este comienzo es algo enigmático, y me parece interesante que sea así.

¿Qué es la vida? Cada uno podría dar su propia respuesta. Para Marillion, es como un tren en el que uno viaja sin saber bien cuál es el destino, un tren en el que uno va pasando por una estación tras otra, en el que a veces va dormido sin darse cuenta de lo que sucede a su alrededor y otras despierto y alerta. Y, sobre todo, un tren en el que uno siempre quiere viajar acompañado. Ese es el escenario que dibuja This Train Is My Life, un tema con el que Marillion abre definitivamente el álbum danbdo una dosis de pop sugerente y atractivo que difícilmente puede decepcionar.

Imaginen ahora que se bajan en una de esas estaciones. Marillion describe el placer de la existencia cuando uno consigue darse cuenta de que, lo importante, es dejarse llevar por la esencia de las cosas. Essence es uno de los dos puntos brillantes de todo el disco, un tema mucho más progresivo que el anterior, que avanza a través de diversas sensaciones y sonidos convirtiendo la naturaleza y todo lo que nos rodea en una oportunidad para vivir. El tramo final del tema es un crescendo lleno de sensibilidad en el que Hogarth desgrana un verso tras otro haciendo crecer con su voz la emoción.

Wrapped Up in Time es un tema melancólico que habla del poso que dejan las cosas que van quedando atrás, de la imposibilidad de recuperarlas y del recuerdo que de ellas nos queda (An echo of  the time they were wrapped in / Sweet or bitter in the memory).

Liquidity es un tema instrumental muy basado en su título, la emulación de gotas cayendo por medios de sintetizadores y un ritmo circular en consonancia con la apuesta sonora del resto del disco.

Pero también nosotros mismos, todos nosotros, tenemos un lado incoherente y profundamente inestable que nos hace arrepentirnos de las cosas que hemos deseado durante mucho tiempo, estar constantemente insatisfechos, tener la sensación de que nada puede llenar ese vacío en nuestro interior. De eso habla Nothing Fills the Hole, un tema con un ritmo incial que pide segundo a segundo una liberación que llega enseguida con un estribillo en el que la voz es, en realidad, un instrumento más. La canción termina en un remanso agradable, como los momentos después de hacer el amor.

Woke Up es un tema muy ochentero, demasiado tal vez, que no creo que aporte demasiado al disco y cuya letra, excepcionalmente, se aparta del viaje emocional que estamos describiendo.

Trap the Spark nos habla del irreprimible deseo de intentar atrapar esos momentos mágicos que nos suceden de vez en cuando, los momentos en los que todo es perfecto. Haciendo referencia al libro de Stevenson La Isla del Tesoro, Marillion propone un tema inestable, lleno de subidas y bajadas, intentando emular la sensación de la que hemos hablado.

A State of Mind empieza como una especie de fábula en la que un viajero que viaja en un avión descubre, através de una grieta en las nubes, una isla en la que viven cientos de personas en armonía. Hogarth nos invita a olvidarnos de nuestras antiguas heridas y unirnos en hermandad con el resto del género humano. Un estribillo que recuerda el juego vocal de This Train is My Life, aunque sin su fuerza.

Después de este viaje emocional, Marillion presenta su moraleja en Happiness Is the Road, el segundo de los grandes momentos de esta primera partel del disco. Su conclusión es que debemos sentirnos afortunados por cada nuevo día que vivimos, ya que es una nueva oportunidad de empezar de nuevo, de superar el sufrimiento y empezar a andar de nuevo por ese camino que, aunque no nos lleve nunca a un destino identificable, nos llenará de felicidad si sabemos recorrerlo. La primera parte es una oda atmosférica y frágil construída con sintetizadores y una voz que nunca le ha sonado a Hogarth tan llena de sensibilidad. A los tres minutos, da un giro de ciento ochenta grados, e inicia una línea argumentativa, llena de posibilidades distintas, en la que recuerda las veces en las que uno no es capaz de avanzar porque está atenazado por los malos recuerdos y el sufrimiento. La melodía avanza en un claro crescendo que se va llenando de energía hasta explotar en el espasmódico y liberador verso central, Happiness is the Road!, invitándonos a seguir adelante (Look around you / Feel your soul inside you), a saborear lo que nos rodea (The life that’s giving In every thing that’s living) , para terminar con un salmo contra la tristeza y el dolor (You are not your pain / Say it again / You are not your pain).

Essence termina con Half-Full Jam, un tema que, en mi opinión, después del magnífico tema épico que acabamos de describir, sobraba.

En general, esta primera parte, salvo momentos excepcionales, muestra, como ya decíamos, una gran homogeneidad musical y conceptual. Si me ha costado reseñarla, es porque, a pesar de los momentos brillantes que tiene, también deja cierta sensación de agotamiento, de poca originalidad en algunas de las canciones. Happiness is The Road ha provocado todo tipo de reacciones, desde las más entusiastas (que han llegado a calificarlo como el mejor disco del grupo) hasta las más críticas (que lo han visto como un giro más hacia lo comercial). Creo que la verdad está en un punto intermedio.

The Official Marillion Website

Entrevista a Marillion en Radio3 (RNE 3)

Willowglass – Book of Hours

In Música on marzo 30, 2009 at 15:14
Willowglass - Book of Hours

Willowglass - Book of Hours

Los libros de horas fueron un tipo de obras literarias habituales en la Edad Media entre las clases pudientes. Eran libros religiosos y de una gran belleza gráfica en los que se detallaba el tipo de liturgia que debía acompañar a cada hora del día.

Andrew Marshall, motor en solitario del proyecto Willowglass, publicó el 26 de Mayo del 2008 Book of Hours, su segundo álbum, con el consiguió una meritoria nominación a los últimos Prog Awards en la categoría de mejor álbum de rock progresivo extranjero (recordemos que estos premios se conceden en Italia). Y digo meritoria porque todos los instrumentos que suenan en este disco, desde las guitarras hasta los teclados, están tocados por él (salvo la percusión, para la que debe ser que fue incapaz de sacar más tiempo y tuve que recurrir a Dave Brightman).

Quizá este aspecto, el de tratarse de una obra concebida y tocada en solitario pero con una estructura multinstrumental, explique en gran medida las virtudes y los defectos de este disco.

Book Of Hours es una obra sencilla y fácil, las dos cosas. Por un lado es rock progresivo del clásico, del que ya hemos referenciado en alguna ocasión, pero hecho con enorme sencillez, como si el amigo Marshall hubiera querido hacer un método sobre qué es este tipo de música en cinco pasos.

Por otro lado, es un álbum fácil en el sentido de que la arquitectura interna de cada tema no tiene gran complicación, no aporta gran cosa a los que estén acostumbrados a escuchar rock progresivo. De hecho, parece haber sido desarrollado con la clara intención de que sea un disco fácil, que entre a la primera. Y en esta segunda característica puede que radique el mayor de sus defectos. Book of Hours me parece un disco que, llegado a cierto número de escuchas, va muriendo poco a poco, agotándose.

Sin embargo, si lo hemos referenciado aquí es porque se trata de una auténtica maravilla sonora, un disco que sólo se puede calificar con el adjetivo de hermoso. Y este sí, este se puede escuchar mientras uno friega los platos.

Por cierto, es el primer álbum instrumental de principio a fin que ponemos en Pezones de Venus.

Argamasilla (1 of 2 2 of 2) es la carta de presentación, un tema de diez minutos con un tono entre alegre e idílico con una estructura que es común en todo el disco, pasajes sucesivos, hilados de un forma sutil y muy elegante. Puede recordar a muchos grupos y a ninguno (aunque a mí me recuerda sobre todo a Genesis).

Willowglass no es más que un interludio, algo soso de hecho para mi gusto, pero necesario para dar paso al primero de los puntos álgidos del disco.

The Maythorne Cross es el tema con más fuerza de un disco que no se caracteriza precisamente por ser muy exaltado. La parte central sobre todo, con esas cuerdas en tonos bajos y el órgano repitiendo la melodía, una melodía en tono menor con influencias orientales, es emocionante. Y es que la fuerza no reside en aporrear una guitarra hasta destrozar los tímpanos del personal, sino en saber articular los movimientos de un tema de forma que la propia estructura transmita tensión y en una interpretación virtuosa de los instrumentos.

Eso es lo que sucede también enBook of Hours, un tema más tranquilo que toma la fórmula de repetir varias veces la misma frase antes de cambiarla y que termina con una guitarra en la lejanía tocando una melodía que recuerda a la música de principios del siglo XX de Satie, por ejemplo, y que introduce el que para mí es el gran tema del disco.

The Labyrinth (1 of 2 2 of 2) es el comendio de todos los demás temas, además de ser el más largo (casi diecisiete minutos). Es el único momento del disco en que Marshall roza la inspiración genuina. No le asusta empezar con una guitarra que suena a renacentista y pasar a continuación a una guitarra eléctrica que abre la línea melódica. A partir de ahí, todo es posible. Un constante cambio de ritmos y de tonos que al fin no suena a encaje de bolillos (como en los casos anteriores) sino a concepto claro desde el principo, un eterno discurrir alrededor de la melodía renacentista, casi medieval.

En resumen, Book Of Hours es un álbum que no se caracteriza por su originalidad sino, en todo caso, por su eclecticismo. Es un disco perfecto para hacerse una idea, de la forma más fácil posible, de qué es el rock progresivo, como si se tratara de un catálogo de muestra. Alguien lo ha calificado de rock progresivo comercial, y no está muy desencaminado, siempre que esté también dispuesto a aceptar que contiene una gran belleza, una belleza que logra transmitir.

The Dear Hunter – Act II: The Meaning of, and All Things Regarding Ms. Leading

In Música on marzo 11, 2009 at 13:27
Act II: The Meaning of, and All Things Regarding Ms. Leading

Act II: The Meaning of, and All Things Regarding Ms. Leading

A principios de febrero hablamos de la primera parte de la magnífica obra en la que está inmerso Casey Crescenzo liderando The Dear Hunter, Act I: The Lake South, The River North.

Ha llegado el momento de abordar la segunda parte, en la que asistiremos a la muerte de la madre de nuestro protagonista, Ms. Terri, y al descubrimiento del amor, en los brazos de una prostituta, Ms. Dealing. Como ya comentamos en su momento, aquel que quiera desentrañar el significado de las letras y perderse en esta emotiva y desgarradora historia, puede hacerlo en este foro.

El que haya escuchado el primer acto no encontrará grandes novedades en lo que a sonoridad se refiere. The Meaning of, and All Things Regarding Ms. Leading, publicado el 22 de Mayo del 2007, es una profundización en la apuesta del primer disco.

Al igual que en el primer acto, el álbum comienza con una corta introducción, The Death and the Berth. Si en la primera parte era un coro a capella, en esta ocasión nos encontramos con una pequeña obertura de apenas cuarenta segundos llena de una suave melancolía.

Y sin darnos tiempo a digerirlo, The Procession ataca con un riff que recuerda al primer gran tema del primer acto, City Escape. Probablemente sea el tema más poderoso, más hardcore y más cercano a la tradición musical de la que procede nuestro amigo Casey. Una joya incluso para los que, como yo, no somos muy amantes de este tipo de descargas de adrenalina.

The Lake and the River es el tema más largo del disco, con nueve minutos y medio. Tiene una estructura bastante compleja que oscila de un pasaje a otro, repitiendo temas. Lo más destacado, probablemente, sea la gran variedad de ritmos y de instrumentación, además del trabajo vocal y de posproducción. Se nota la dedicación que hay que detrás. Y, para redondearlo, un coro grave prepara las condiciones para el momento más inesperado del disco.

Y es que, de repente, Casey va y se marca un swing moderno en The Oracles on the Delphi Express que bailaría hasta Benny Goodman si levantara la cabeza. Y, para terminar, unos coros angelicales dan paso a unos suaves acordes de guitarra sobre los sonidos de fondo de una catedral, introduciendo el leit motiv que desarrollará el siguiente tema.

The Church and The Dime: en este magnífico pasaje, que empieza enlazando con el anterior, se desarrolla de forma magistral todas las posibilidades de ese bello leit motiv, primero en clave melancólica, después en clave hard, para terminar de nuevo en el mismo remanso, cerrando el círculo. En este tema se desvelan algunas de las claves sobre uno de los personajes clave de la historia.

The Bitter Suite 1 and 2: Meeting Ms. Leading and Through the Dime: En este tema se nota, probablemente más que en ningún otro, la enorme influencia de Muse sobre el grupo. Arpegios constantes de piano sirven para crear un crescendo progresivo en la primera parte. Un break de batería sirve para introducir una segunda parte que evoca, aunque a un ritmo más lento, The Oracles on the Delphi Express.

The Bitter Suite 3: Embrace: También muy influenciado por Muse, este pasaje, junto con el anterior, describe cómo  The Dear Hunter, el nombre del protagonista, conoce a Ms. Leading en el burdel The Dime.

Con Smiling Swine, otro tema de estructura compleja, tenemos por primera vez la oportunidad de dar palmadas, dar saltos y sonreír, como bien reza el título. Una refrescante invitación a la alegría.

Evicted: Uno de los temas más hermosos y conseguidos del álbum, con un comienzo tranquilo y un estribillo emocionante y acelerado. Inspiración en estado puro.

Blood of the Rose: tema muy clásico, inspirado en las óperas veristas decimonónicas, algo que ya comentamos también sobre el primer acto.

Y llega Red Hands, el tema más celebrado del álbum, probablemente la canción más pop de este segundo acto. Personalmente, creo que existen temas mucho mejores en esta obra. No acabo de comprender bien la pasión desaforada por esta canción.

Where the Road Parts es el único tema al que no acabo de encontrarle la chispa, para que nos vamos a engañar.

Dear Ms. Leading nos devuelve a The Procession, al mundo hardcore de The Receiving End of Sirens, pero sin renunciar a un profundo lirismo.

Vital Vessle Vindicates cierra el álbum incluyendo ritmos circenqueses y un piano remolón e insistente que se va difuminando en la distancia entre voces y las olas del mar  mientras escuchamos de nuevo uno de los eternos leit motivs a piano.

Este segundo acto, como pueden ver, es mucho más amplio que el primero, tanto en magnitud sonora como en longitud temporal. Lo mejor para disfrutarlo es escuchar previamente la primera parte.

Y aquí nos quedamos, a la espera del inminente estreno del tercer acto.

Letras de Act II: The Meaning of, and All Things Regarding Ms. Leading

The Dear Hunter Fansite

Web Oficial

Black Bonzo – Sound of the Apocalypse

In Música on febrero 23, 2009 at 14:18
The Sound of the Apocalypse

Sound of the Apocalypse

Por segunda vez en Pezones de Venus, presentamos un disco creado por un grupo sueco, Black Bonzo. La indiscutible supremacía que en el mundo occidental goza la música anglosajona convierte el intento de conocer la cultura de otras partes del mundo en una labor complicada, en la que son necesarias mucha paciencia y perseverancia.

La escena musical contemporánea sueca es uno de esos casos en que una explosión de talento y brillantez es ocultada por el peso de la costumbre, por el miedo y la pereza a abrirse a formas artísticas desconocidas en las que uno nunca sabe muy bien con qué va a encontrarse.

Lo más curioso del caso es que, como en el grupo que nos ocupa, estos prejuicios, que a todos nos lastran, son muy fáciles de superar, ya que, en cuanto uno escucha Sound of the Apocalypse, publicado en el otoño del 2007, descubre un disco fácil de asimilar, inspirado en el rock progresivo clásico, el de Génesis, Gentle Giant o King Crimson.

El álbum se abre con Thorns Upon A Crown, un tema perfecto para empezar y en el que Black Bonzo deja claro desde el principio la filosofía del disco. Una melodía clara y concisa que se repite a lo largo de casi siete minutos, con ligeras variaciones e improvisaciones en la parte final que nos recuerdan, al igual que el resto de los temas, a King Crimson.

Giant Games es, en mi opinión, el tema más asombroso, poderoso y emocionante de todo el álbum. Un comienzo tranquilo, acompañado de cuerdas suaves, empieza a crecer con teclados y guitarras que lo enriquecen progresivamente hasta que, de pronto, la misma ascensión se corona en un clímax que explota por pura necesidad y que explica todo el tema. Como en el caso anterior, Joakim Karlsson rompe con su guitarra la línea del tema aquí y allá con improvisaciones inspiradísimas y consistentes.

Yesterday’s Friends tiene un comienzo melancólico, con una guitarra clásica y una flauta que esbozan una melodía que parece evocar un paraíso perdido. Pero dura poco, lo mismo que los paraísos. A los veinte segundos, una guitarra eléctrica, sobre los compases marcados por la batería, inicia un punteo que da comienzo al tema, que está construído sobre la tensión entre la suavidad del preludio y una batería frenética que no permite un sólo descanso.

Con  The Well llega uno de los temas más inspirados en King Crimson, que coquetea con el hard rock y que suena más moderno, casi con toques ochenteros en ocasiones, con un magnífico trabajo en los coros. Un pasaje suave da paso a un crescendo que no cesa hasta el final.

Para descansar un poco y tomar aire, Intermission – Revelation Song, un tema inspirado en el blues y en el folcklore norteamericano que sirve precisamente para eso, para hacer un alto en el camino, aunque con elegancia.

Black Bonzo retoma con Ageless Door, otro tema inspiradísimo en King Crimson pero con muchísima más fuerza que The Well, casi rozando, en ocasiones, el Heavy Metal. En un mundo paralelo a este, podría ser un verdadero hit en las listas de éxitos. Rock puro y duro.

Iscariot rompe la tendencia de los dos últimos temas construyendo con mucha elegancia un tema muy variado, en el que abundan más que nunca los teclados y donde, en mi opinión, el grupo se ha sentido libre para improvisar e imaginar variaciones.Perfecto el trabajo vocal de Magnus Lundgren.

Si uno es un poco aficionado a este tipo de música, ya sabrá en qué consiste el tema que cierra el álbum. ¿Puede un grupo de rock progresivo que se precie publicar un disco que no contenga un corte de más de diez minutos? Los chicos de Black Bonzo opinan lo mismo. Por eso, Sound Of The Apocalypse, supone la puesta de largo. Y lo hace por todo lo alto, con un piano profundo y fuerte que, con parsimonia, abre la caja de música y deja salir, poco a poco, en crescendo, toda la sobervia imaginación del grupo, incluyendo otra estupendo trabajo vocal.

Resumiendo, el último álbum de Black Bonzo, y segundo de su carrera, es una invitación perfecta a conocer el rock progresivo clásico de principios de los setenta, revivido en sus esencias con fuerza, imaginación y talento. No es un disco anclado en el pasado, sino una obra que revive en todo su esplendor un momento único de la historia de la música. Así lo reconocieron los ProgAwards del 2008, que condedieron a Black Bonzo el premio a mejor álbum del año anterior, junto a Phideaux y Orne.

Canal en YouTube

Escuchar el álbum online

The Dear Hunter – Act I: The Lake South, The River North

In Música on febrero 3, 2009 at 10:19
The Lake South, the River North

Act I: The Lake South, the River North

Hoy retrocedemos más de dos años al pasado para empezar una serie que deseamos pueda durar mucho tiempo.

El 26 de Septiembre del 2006, Casey Crescenzo, que hasta entonces había sido miembro del grupo de post-hardcore The Receiving End of Sirens, publicaba, bajo el nombre de The Dear Hunter,  el disco Act I: The Lake South, The River North, primera entrega de una serie planeada para contar por medio de la música el nacimiento, vida y muerte de un chico marcado desde su nacimiento por el dolor y abocado a tener una vida difícil al ser hijo de una prostituta.

Ya desde sus orígenes a finales de los sesenta, el rock progresivo, con sus obras conceptuales, ha tenido una tendencia muy acusada  a ser el vehículo para contar historias, acercándose, de ese modo, al territorio de la ópera rock (pensemos, sin ir más lejos, en un clásico, The Lamb lies down on Broadway, de Genesis).

En el caso que nos ocupa, The Dear Hunter comenzaba una obra que, sin tener los elementos suficientes como para poder constituir una verdadera historia dramática en su conjunto, sí estaba animada por ese espíritu.

Si algo distingue musicalmente a The Dear Hunter es la enorme variedad de influencias que deja entrever, desde Muse (muy presente en varios de los temas), The Mars Volta o incluso Radiohead.

No analizaré demasiado las letras de Act I: The Lake South, The River North, ya que son demasiado simbolistas y metafóricas como para tener un significado claro y unívoco. Si alguien quiere adentrarse en este terreno, puede pulsar aquí e ir a un foro de discusión donde se habla de cada uno de los temas con un nivel aceptable.

Battesimo Del Fuoco, el bautismo del fuego, abre el disco como si se tratara de una tragedia griega, con un coro a capella en el que se anuncia el nacimiento de un bebé fruto de la pasión, no de amor.

The Lake South, tema instrumental, es la verdadera obertura de la obra, una obertura de hecho muy influída por las óperas decimonónicas y que utiliza cuerdas graves e instrumentos de viento para desarrollar un tema en crecendo que transmite, por ejemplo, el lento despertar de una ciudad.

La historia comienza de forma abrupta con un riff frenético de guitarra que es la carta de presentación de City Escape, uno de los temas más sorprendentes de todo el disco y el que mejor acogida ha tenido en general entre los oyentes.

A continuación tenemos el que para mí es el mejor tema de todo el disco, The Inquiry of Ms. Terri, un tema muy influenciado por el sonido y la estructura del Paranoid Android de Radiohead, entre otros. Desde la suavidad con que empieza, pasando por varios pasajes en los que se nos cuenta la vida de Ms Terri, la madre prostituta, hasta el emocionante e indescriptible estallido final, todo el tema está atravesado de bellos coros y es un verdadera joya en cuanto al equilibrio que en él existe entre el ritmo y la melodía, entre los pianos y las guitarras.

Los siguientes dos temas, 1878 y The Pimp and The Priest, suponen una vuelta más a la fórmula descrita en los dos anteriores temas, a parte de la introducción de algún nuevo instrumento como la trompeta y atmósferas de acompañamiento, más presentes y conseguidas en la segunda.

El álbum llega a un remanso con la dulce guitarra acústica que da inicio a His Hands Matched His Tongue, otra verdadera maravilla con una estructura sencilla, introducción y estribillo, que se repite dos veces para terminar, como en el caso de The Inquiry of Ms. Terri, en una explosión que se va anunciando poco a poco.

Para terminar, The River North es una melodía melancólica a piano solo que nos llega desde lo lejos, como si hubiera sido rescatada del pasado, con el sonido de fondo de la aguja de un tocadiscos. Termina con unos aplausos y la sección de cuerda de una orquesta afinando en La.

En general, los ochos temas de este primer acto presentan las herramientas con las que Casey Crescendo se propone a desarrollar su propuesta. Puede decirse que los pilares en los que está soportada son City Escape y The Inquiry of Ms Terri, esta última mi elección personal.

Si alguien quiere disfrutar con Act I: The Lake South, The River North, está disponible en purevolumen.

Official Web Site

Steve Wilson – Insurgentes

In Música on enero 12, 2009 at 12:46
Insurgentes

Insurgentes

A principios del mes pasado, reseñamos el magnífico album publicado por Porcupine Tree, Fear of a Blank Planet. Este año 2009 vamos a empezarlo con el trabajo que su líder, Steve Wilson, sacó en solitario en noviembre de 2008.

Tomando como título el nombre de una de las principales arterias de Mexico D.F, Steve Wilson nos regaló Insurgentes, su primer disco en solitario.

Para todo aquel que haya escuchado los últimos discos de Porcupine Tree, el sonido de este albúm no resultará novedoso. Se trata de una nueva vuelta de tuerca a esa sonido con bases de rock y teñido de un velo de oscuridad en el que se ha asentado Wilson en los últimos años. En este sentido, no me parece una investigación sobre nuevas vías sonoras ni una obra original, pero sí una auténtica delicia, una nueva explotación de un sonido que tiene enamorados a miles de fans, entre los que me incluyo sin reservas.

Insurgentes tiene un poco de todo. La vena más comercial, más poderosa y más atractiva, la tenemos en los temas Harmony Korine, Only Child y Puncture Wound (este último incluído entre los bonus tracks). Cualquiera de ellos podría ser un gran hit en las radiofórmulas.

La vena romántica, con tonos vaporosos y bases minimalistas, en la línea del My Ashes de Fear of a Blank Planet, está desarrollada en los temas Abandoner, Significant Order, Get All you Deserve, Veneno para las Hadas e Insurgentes (este último con dos versiones distintas). La excesiva representación de estos temas quizá sea la única pega del disco. Son temas que parecen extrados de la misma caja, de un estado de ánimo muy parecido y expresados de una forma similar, aunque todos ellos con un lirismo emocionante. Todos ellos podrían ser tocados a piano solo.

Sin embargo, aunque no tiene pinta de que a Steve Wilson le haya costado mucho parir Insurgentes, aunque haya recurrido a estructuras y a fórmulas que ya domina a la perfección, sí ha dejado constancia de que no está estancado. En medio del disco, oculta, se encuentra la verdadera joya, el único tema que puede considerarse rompedor, el único que parece haberle supuesto un reto, el único en el que parece haber intentado ir un poco más allá, No Twilight Within The Courts Of The Sun. Muy en la línea de King Crimson, aunque pasado por los sonidos oscuros, este tema de más de ocho minutos es una sucesión de movimientos sobre una misma base de común (esa cuerda repetitiva), el único tema verdaderamente de rock progresivo de todo el álbum (y, por ello, el más complejo, el más difícil de asimilar pero el más profundo una vez que lo has cazado).

Para terminar, Steve Wilson, en los bonus tracks, nos regala Collecting Space. No debemos olvidar que, por mucho que se esconda, este inglés no es otra cosa que un romántico sentimental, un artista apegado a la belleza de la música por encima de todo, a la música que provoca emociones. Collecting Space es uno de esos temas tan característicos del rock progresivo, cuyo origen se puede remontar al menos hasta el Firth of Fifth de Genesis, que le hacen a uno levantarse de la silla y proclamar la grandeza de la música, su capacidad para emocionar. Un tema instrumental con una base en crescendo y una guitarra eléctrica que pone los pelos de punta improvisando sobre el tema central.

En resumen, Insurgentes es un álbum que no pasará a la historia por su originalidad, pero sí por su belleza y por su capacidad para envolvernos, para hacernos olvidar lo que nos rodea y sumergirnos en las emociones que tenemos bloqueadas en nuestro corazón, para desatarlas y dejar que fluyan libremente.

También entra en la categoría nocturna, de esos discos que deben ser escuchados de noche.

Bienvenidos al 2009.

Porcupine Tree – Fear of a Blank Planet

In Música on diciembre 11, 2008 at 10:32
Fear of a Blank Planet

Fear of a Blank Planet

No era consciente de la existencia de esta band de rock inglesa hasta que publicaron en Abril del 2007 Fear of a Blank Planet, su noveno disco.

Me quedé tan deslumbrado que enseguida escuché sus anteriores trabajos. Después de hacerlo, valoré aún más este pezón de venus, sin ninguna duda uno de mis discos del 2007 y del 2008, uno de los discos que más he escuchado, que me ha acompañado día y noche.

Porcupine Tree está catalogada o etiquetada como una banda de Rock Progresivo y, aunque no es mentira, tampoco es del todo cierto. Cuando uno vagabundea por sus útimos tres o cuatro discos, uno se da cuenta de que, en realidad, es una banda de Rock. Leyendo una entrevista con Steve Wilson, el líder del grupo, descubrí unas declaraciones en que las se desmarcaba del apelativo Prog afirmando que, si les consideraban dentro de esa corriente, era por la post-producción de sus temas, no por su estructura en sí.

Y tiene toda la razón. Los temas de sus anteriores discos, salvo alguna excepción, son temas de rock con estructura clásica y gancho comercial.

Pero Fear of a Blank Planet es algo distinto. Aquí Porcupine Tree han querido dar un salto más allá, o volver a sus verdaderos orígenes, porque el disco es efectivamente eso, Rock Progresivo del bueno.

Por otro lado, se junta una tendencia al metal que ya habían ido definiendo al menos desde In Absentia. En este caso, sin embargo, el metal se incorpora perfectamente a la estructura, dando lugar a una música oscura pero llena de lirismo.

El mejor ejemplo de todo esto es Anesthetize, tema de 17 minutos y que para mí es el verdadero eje del disco. Este corte reune y resume todo el disco, además de ser una auténtica maravilla.

A su alrededor, orbitan joyas como la nostálgica My Ashes, el tema de entrada, Fear of a Blank Planet, sobre la juventud en el mundo contemporáneo, o Sentimental, una melodía amable en la línea de sus discos anteriores.

Como ya he dicho, después de haber escuchado toda su discografía y de haberles visto en directo (y demostraron que ser un rockero no quita para dejar de ser un buen y educado chico inglés), esta banda inglesa ha conseguido, en mi opinión, su mejor disco hasta el momento, con la posible excepción de Lightbulb Sun, del año 2000, otra maravilla.